La curiosa leyenda que da nombre a este puente medieval que es parte del Camino de Santiago

Cualquier animal que pasaba bajo los arcos del puente de Zubiri, situado en Navarra y construido en torno al siglo XI, quedaba curado milagrosamente de la rabia ¿Cómo es posible que hubiera bisontes hace 4.000 años en lo que hoy es Navarra? ¿Desde cuántos caminos se puede hacer el Camino de Santiago? El Camino de Santiago francés alberga entre sus senderos historias que entrelazan la fe con lo sobrenatural destacando, entre otras localidades, la villa navarra de Zubiri . Situada estratégicamente entre Roncesvalles y Pamplona, esta localidad de la comunidad de Navarra debe su identidad y su propia denominación al majestuoso puente medieval que cruza el río Arga. El término euskera “ Zubiri” se traduce literalmente como “el pueblo del puente”, lo que subraya la importancia vital de esta estructura arquitectónica para los vecinos. Ya en el año 1097 documentos históricos mencionan la donación de esta villa junto al puente a la seo pamplonesa por parte del rey Pedro I. Esta construcción no es solamente un paso físico para los caminantes, sino el epicentro de una comunidad que ha crecido a su sombra durante muchos siglos. Hoy en día, el puente sigue siendo una de las paradas más emblemáticas para quienes inician su ruta jacobea tras cruzar los Pirineos. Su presencia evoca la perseverancia de miles de viajeros que han transitado por estas piedras buscando consuelo espiritual o simplemente una vía de paso. Cruzar sus arcos supone entrar en un territorio donde el tiempo parece haberse detenido entre el murmullo del agua y la fría piedra antigua. El puente destaca por su característico perfil de lomo de dromedario y una construcción robusta que data aproximadamente de los siglos XI o XII , según los expertos. Su diseño arquitectónico cuenta con dos grandes arcos de medio punto y un pilar central reforzado con un tajamar para resistir las fuertes crecidas. Antiguamente, este enclave estaba vinculado a la asistencia sanitaria de la zona, pues muy cerca existía una leprosería dedicada a Santa María Magdalena. Esta combinación de puentes y hospitales era extremadamente común en la ruta jacobea, ofreciendo refugio y cuidados básicos a los caminantes más exhaustos. A pesar de los muchos siglos transcurridos, la estructura mantiene su esencia original La pendiente pronunciada a ambos lados del puente permitía históricamente el paso del ganado , que era el motor fundamental de la economía local navarra. A pesar de los muchos siglos transcurridos, la estructura mantiene su esencia original, permitiendo que el cauce del río fluya libremente bajo sus arcos centenarios. Para los arquitectos e historiadores actuales, representa un ejemplo magnífico de la ingeniería civil aplicada a la protección del peregrino medieval. Es un monumento que no solo une riberas físicas, sino que también sirve de puente espiritual entre el pasado y el presente. La fascinación que despierta este lugar emana principalmente de su sobrenombre más conocido por todos: el puente de la rabia o de Santa Quiteria . Este apelativo no es fruto de la casualidad, sino que responde a una serie de creencias y ritos vinculados estrechamente a la medicina popular. Y es que, durante generaciones, los habitantes de la zona y los viajeros han atribuido a esta sólida construcción medieval propiedades curativas milagrosas contra dicha enfermedad. Hasta mediados del siglo XX, antes de la llegada de la vacuna antirrábica, el puente era la última esperanza para muchos ganaderos de la región. La leyenda sugiere que la estructura posee un poder místico capaz de sanar o prevenir infecciones graves en todos los seres vivos. Este legado de ritos y creencias se suma a otros elementos mágicos del entorno, como la conocida y cercana fuente de Batueco . Los peregrinos que cruzan el Arga se encuentran de pronto inmersos en una atmósfera cargada de misticismo y de una devoción muy tradicional. Es un punto donde la historia documentada cede el paso a la rica tradición oral que forma el patrimonio inmaterial navarro. La fe en los poderes del puente ha persistido en la memoria colectiva, desafiando con éxito el paso de los años. Según la tradición más extendida, cualquier animal que pasaba bajo los arcos del puente quedaba automáticamente curado milagrosamente de la rabia o de otras dolencias. El rito principal consistía en obligar a los animales enfermos a caminar tres veces consecutivas alrededor del pilar central situado en el río. Este acto simbólico buscaba la intercesión divina necesaria para erradicar el mal que afectaba al ganado, esencial para la supervivencia de las familias. El uso específico del número tres en el ritual no es algo arbitrario, pues se asocia comúnmente con la perfección y la protección espiritual divina. Otras variantes de la leyenda aseguran que el simple paso físico por el puente prevenía eficazmente que los animales contrajeran la temida enfermedad. De esta manera, el puente se transformó en un centro de peregrinación veterinaria espontánea donde acudían personas de toda la comarca colindante. Los relatos de sanaciones milagrosas alimentaron durante años la fama del lugar, convirtiéndolo en un hito absolutamente indispensable del Camino de Santiago . Incluso en la actualidad, se dice que todavía hay personas que llevan a sus mascotas para realizar este antiguo y curioso ritual. La fe de los antiguos habitantes ha dejado una huella imborrable en la percepción actual de este monumento pétreo. También las personas No solo los animales eran los únicos beneficiarios de estas supuestas facultades místicas, pues existen leyendas locales que incluyen también a los seres humanos . Una vertiente de la historia asegura que las personas infectadas por la rabia podían hallar alivio seguro descendiendo directamente hasta el cauce del río. Una vez en el agua, debían rodear el pilar central tres veces, replicando con exactitud el mismo rito que se aplicaba habitualmente al ganado enfermo. Otra versión popular sostiene que el milagro ocurría si el enfermo cruzaba el puente por su punto más elevado en tres ocasiones distintas. Estas prácticas reflejan la desesperación y la profunda fe de una época donde la medicina científica era casi inexistente en las áreas rurales. Aunque la ciencia moderna ha desmentido estos poderes, la carga simbólica y emocional del puente permanece hoy intacta en la cultura popular. La leyenda del puente de la rabia ha trascendido el ámbito puramente local para integrarse de lleno en la literatura y el arte del Camino de Santiago . Crónicas medievales y guías modernas para peregrinos mencionan este enclave como un punto de referencia místico y totalmente obligatorio. La persistencia de estos relatos en las comunidades rurales es un testimonio del poder de la tradición oral para preservar la identidad propia. En la actualidad, Zubiri celebra festividades y diversos eventos que conmemoran la rica historia y las leyendas asociadas a su puente medieval. Estas celebraciones suelen incluir recreaciones de los rituales antiguos, permitiendo que las nuevas generaciones conecten con su pasado más inmaterial.