Los científicos creían conocer el tamaño máximo que podía alcanzar un ser vivo. Un hallazgo a 6.000 metros de profundidad acaba de ponerlo en duda

En las profundidades del océano, donde la presión aplasta al acero y la vida parece imposible, los robots han grabado algo que no encaja con los modelos biológicos clásicos. No tiene huesos ni músculos, mide casi 15 metros y obliga a replantear una pregunta básica: ¿qué significa realmente ser “grande” en la naturaleza?