Arte como refugio: "A veces es tan importante y básico ser parte de algo"

El Hospital San Juan de Dios de León ha dado inicio a su II Programa de Refugio Creativo, una iniciativa que busca derribar muros socioculturales y del lenguaje a través del arte. El proyecto reúne a creadores y solicitantes de asilo para fomentar la colaboración y el intercambio cultural, acercando historias y promoviendo la convivencia. Hablamos con Ánxela Blanco, dinamizadora del proyecto, y con el cineasta Marcos Roddie, uno de los artistas invitados. El programa se centra en "incidir en los derechos culturales de los solicitantes de asilo", como explica Ánxela Blanco, lo que se traduce en "hacer vida juntas, convivencia en paz, respeto mutuo y ayuda mutua". Para ello, se ha lanzado un programa de residencias artísticas en el centro de acogida, que actualmente trabaja con personas de 18 nacionalidades distintas, desde los más pequeños hasta los más mayores. En esta edición, el cineasta Marcos Roddie está desarrollando una película de manera colaborativa, en un proceso que describe como "muy emocionante", donde cada día es diferente. Los propios residentes participan activamente en todas las fases del proyecto, desde la escritura del guion y la actuación hasta el propio rodaje, convirtiendo el espacio en un plató de cine donde todos aportan su visión. Ánxela Blanco desafía la idea de que la cultura es un derecho secundario. "Parece que el derecho a participar en la vida cultural fuese un derecho subsidiario", afirma, y defiende que esta es "una apuesta por incidir en la escala de los afectos" de las personas. Para muchos, el proyecto es un orgullo y una forma de sentirse vistos: "A veces es tan importante como lo más básico, ser parte de algo, existir, que alguien te lo deje claro". Esta iniciativa, según cuenta, ayuda a tejer afectos y a crear un sentido de pertenencia en momentos de gran vulnerabilidad, como el caso de un chico recién llegado que "ya entró a la peli, ya se saludó, ya fue un lugar de encuentro". Uno de los muros más difíciles de derribar es el del prejuicio sobre la población migrante. Este proyecto, según Marcos Roddie, ayuda a combatirlo porque "da la capacidad de de imaginar nuevas realidades, de soñar". El cineasta señala que el proceso creativo, que incluye disfraces y situaciones cómicas, permite a los participantes explorar otras realidades, poniendo el foco en el proceso colaborativo más que en el resultado. El programa no se limita al interior del centro, pues uno de sus lemas es "derribar los muros, abrir la puerta para que el barrio entre", en referencia al barrio de Armunia en León. La relación con los vecinos es "excelente", y esta conexión se plasmará en la escena final de la película, que se rodará durante una chocolatada de carnaval a la que han sido invitados. La viabilidad del proyecto ha recibido un impulso decisivo con una de las ayudas de la Fundación La Caixa, un apoyo "determinante para amplificar el proyecto", según Blanco. Para quienes deseen colaborar, existe un "programa de voluntariado súper potente" y se anima a difundir la iniciativa para que "se pueda replicar en muchos otros lugares".