Lorenzo del Rey - Redacción COPE Albacete El nuevo pliego para la gestión de la plaza de toros de Albacete marca un punto de inflexión en el modelo de relación entre el Ayuntamiento y la empresa adjudicataria. La desaparición del canon anual, el refuerzo de la Escuela Taurina y el mantenimiento de precios populares configuran un escenario que prioriza la calidad artística y la accesibilidad por encima de la recaudación directa para las arcas municipales. Sobre el papel, la propuesta tiene lógica interna y coherencia estratégica. Sin embargo, también abre interrogantes y deja una sensación agridulce en el debate político. La eliminación del canon supone un cambio de filosofía. El Consistorio renuncia a un ingreso fijo y traslada toda la responsabilidad económica al empresario, exigiendo a cambio más festejos de promoción, mayor implicación con la cantera local y garantías de nivel artístico. Es una apuesta clara: si no hay dinero público en juego, el retorno debe llegar en forma de calidad, promoción y precios contenidos. El refuerzo de la Escuela Taurina es, probablemente, uno de los aspectos más sólidos del pliego. El aumento de 24 a 42 becerras para tentaderos no es un detalle menor, sino una declaración de intenciones en favor del relevo generacional. Las novilladas sin picadores, las clases prácticas y la reserva de puestos para novilleros locales consolidan una estructura formativa que puede dar continuidad al escalafón y mantener viva la identidad taurina de la ciudad. Si la tauromaquia quiere futuro, necesita cantera; en eso, el pliego acierta. También resulta relevante el mantenimiento del abono especial a 50 euros para jóvenes, jubilados y desempleados, así como la limitación de la subida de precios. En un momento de presión económica para muchas familias, blindar el acceso popular y garantizar que la plaza de toros de Albacete siga siendo un punto de encuentro para todos los bolsillos es un acierto. La reserva de 1.200 localidades para estos colectivos refuerza la idea de que la Feria no es solo un evento para aficionados acomodados, sino una celebración popular donde todos tienen cabida. Era un secreto a voces que la Feria mantendría sus diez festejos y que se seguiría apostando por la calidad en la confección de cada cartel, asegurando la presencia de toreros punteros del escalafón y ganaderías de primera, sin renunciar al guiño torista que siempre es bien recibido en Albacete. Se garantizan tres puestos para matadores locales y cuatro para novilleros de cuño albacetense, y se mantiene la gala que tan buenos resultados ha dado, aunque se echa en falta una fórmula similar para la entrega de los trofeos de la Feria. Además, la promoción de toreros de Albacete en otras plazas da sentido a la inversión en la Escuela. Se mantienen también los requisitos de solvencia económica y experiencia para los candidatos a gestionar la plaza de la calle Feria, algo coherente con la idea —acertada y ampliamente compartida— de que la centenaria plaza manchega no puede gestionarla cualquiera. La duración del contrato, cinco años —dos iniciales y tres posibles prórrogas anuales—, junto a la apuesta por la calidad, los precios razonables y la Escuela, dibuja una hoja de ruta clara. Ahora bien, junto a los aspectos positivos, se ha perdido una oportunidad para el consenso. En sesión plenaria de finales de 2025, el alcalde Manuel Serrano aseguró que el pliego saldría cuando correspondiera y que pasaría por la Comisión de Cultura. Sin embargo, el texto fue aprobado en la mañana de ayer en Junta de Gobierno Local, en sesión extraordinaria y urgente. En lugar de buscar el acuerdo con el resto de grupos, se optó por la vía unilateral. Las críticas no tardaron en llegar desde las filas socialistas, que acusan al alcalde de falta de transparencia y participación. Son reproches muy similares a los que el propio PP formuló en 2021 cuando el anterior pliego, impulsado por socialistas y Ciudadanos, también fue aprobado en Junta sin pasar por Comisión. No es lo mismo llamar que salir a abrir, sin duda. Pero evitar el debate previo y no compartir el texto antes de su aprobación era, probablemente, meterse en un charco innecesario. Las críticas —algunas exageradas, otras claramente ventajistas— eran previsibles. En definitiva, se trata de un pliego garantista y continuista en su esencia, que sustituye el canon por una mayor aportación a la Escuela y refuerza el compromiso con la calidad y la accesibilidad. Una propuesta con bases sólidas en lo técnico y lo cultural, pero que deja pendiente una asignatura política: el consenso. Valor y al toro.