China está intentando domesticar uno de los desiertos más hostiles del planeta. Y lo está haciendo con paja, sal a 540 grados y paneles solares

En el Taklamakán, uno de los desiertos de arena más grandes y extremos del mundo, China combina técnicas agrícolas tradicionales, ingeniería pesada y energía solar de concentración para frenar el avance de las dunas. El resultado es un experimento ambiental a escala continental que lleva décadas en marcha.