Situación límite. A medida que la petición de extradición de Daniel Sancho se dilata, el condenado a perpetua parece haberse cansado para reactivar el proceso. Ese, junto al económico, sería uno de los motivos por el cual Silvia Bronchalo , su madre, ha roto su silencio para hablar en '¡De viernes!', donde se sienta por segunda semana consecutiva. Su hijo quiere salir cuanto antes de la cárcel de Surat Thani, donde el día a día se hace cada vez más difícil. Por si alguien tenía dudas, Daniel Sancho no disfruta de privilegio alguno en la prisión tailandesa donde pasa sus días después de ser condenado a cadena perpetua por el asesinato y descuartizamiento del cirujano colombiano Edwin Arrieta. Comparte celda con 13 presos y la rutina incluye largas sesiones de rezos y mínimas condiciones de higiene. Silvia Bronchalo reaparece en '¡De viernes!' con la segunda parte de su esperada entrevista. Desde su primera presencia, mucho se ha hablado y analizado sobre su salida a los medios después de un prolongado silencio. Ella ya ha dicho que no lo hace con gusto y no ha ocultado que el dinero es una de las principales motivaciones. Pero también se ha dicho que todo responde a un plan trazado por el propio Daniel Sancho porque estaría interesado -casi ansioso- por reactivar el asunto de la petición de extradicción, que parece encallado. Tras largos meses hablando del proceso, cuando entró en la cárcel se asistió a un progresivo silencio hasta casi sepultarlo. Hasta que Silvia Bronchalo lo ha devuelto a la actualidad al sentarse en ‹¡De viernes!›. Por ahí se puede decir que uno de los objetivos está ya cumplido, al menos a corto plazo, pero otra cosa es que pueda servir para reactivar el proceso. De eso hay bastantes más dudas. En su primera aparición en el primer programa de Telecinco, Silvia Bronchalo detalló cómo es la vida de Daniel Sancho en la cárcel de Surat Thani y las precarias condiciones en las que su hijo vive un día a día que se hace pesado y largo. La madre del reo ha asegurado que allí, y contrariamente a algunas cosas que se han publicado, no tiene ningún trato de favor y es un preso más. Un número antes que un nombre. La de Surat Thani es una de las cárceles más pobladas y estrictas de Tailandia y más de 5.000 internos se hacinan allí. El día comienza antes del amanecer, según relataba Silvia Bronchalo, y Daniel Sancho se levanta junto a los otros presos a las cuatro de la mañana para iniciar los rezos en sánscrito y cantar el himno nacional. «Tienen callos en los laterales de los pies de sentarse mañana y tarde a rezar», explicaba la madre del condenado. La higiene se reduce a lo básico. Obviamente, nadie tiene ducha privada y Daniel Sancho se baña junto a otros 13 presos en una pequeña piscina -si es que se puede llamar así a eso- con la ayuda de un simple cazo. No hay privacidad alguna y la higiene no es precisamente la mejor. Al final de la tediosa jornada, todos duermen directamente sobre el suelo. La seguridad es tan extrema que incluso el tabaco y los encendedores están prohibidos para evitar peleas o incendios. Y la comunicación de Daniel Sancho con su familia y abogados se limita a una videollamada semanal de 40 minutos. Silvia Bronchalo ingresa cada 15 días unos 400 euros para productos de higiene y alimentación básica. «Se cambian café por agua porque la mayoría de la gente no tiene dinero», explicaba Silvia Bronchalo. «No es la mirada tan alegre que tenía antes», suspiraba la madre al hablar de Daniel Sancho. Salir de allí es su única misión.