Ir a la Biblioteca Nacional de España se ha convertido en una experiencia digna de Indiana Jones: dan ganas de llevarse un machete y todo, pero me lo quitarían, y el sombrero no me queda bien. Bromas aparte, las obras iniciadas a mediados del pasado enero tras una larga espera han causado una situación bastante rocambolesca. Primero, por las dudas: no se sabe cuánto durarán los trabajos realmente, qué impacto tendrán ni qué será lo siguiente, porque desde hace un tiempo con la BNE parece que siempre hay un jaleo en marcha. Y como el director está enrocado o protegido por el ministerio, estamos a papar moscas. Ni las cartas de mi querido Bruno Pardo sirven de nada . Con... Ver Más