Grazalema, en el corazón de la oración y la solidaridad tras las intensas lluvias en la Diócesis de Asidonia-Jerez

La edición de esta semana de El Espejo de la Iglesia de Asidonia-Jerez, centra su mirada en la situación vivida en distintos municipios de la diócesis tras las intensas lluvias de los últimos días, poniendo el foco de manera especial en Grazalema, localidad que se convirtió en símbolo de la gravedad del temporal. Las imágenes procedentes de la sierra dejaron una profunda impresión: agua saliendo por los enchufes dentro de las viviendas, calles anegadas y una decisión excepcional por parte de las autoridades, que decretaron el desalojo preventivo de toda la población ante el riesgo existente. Una medida que refleja hasta qué punto la situación alcanzó niveles de máxima preocupación. El programa recoge cómo estas jornadas han sido vividas por los vecinos, para quienes el hogar —espacio de seguridad y estabilidad— se convirtió en cuestión de horas en motivo de incertidumbre y miedo. Desde el primer momento, la Iglesia respondió a la emergencia a través de Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez, que realizó un llamamiento a la solidaridad para poder atender a las personas afectadas y canalizar la ayuda necesaria en un contexto de especial vulnerabilidad. La situación de Grazalema también llegó hasta Roma. En el programa tendremos presente al Santo Padre, que quiso poner  voz en su oración a los vecinos de la localidad serrana y a todos los afectados por las lluvias, un gesto que fue recibido como signo de cercanía y comunión con la Iglesia universal. A estas palabras se le suma nuestro Obispo de Asidonia-Jerez, José Rico Pavés, quien agradeció el gesto del Pontífice y expresó su cercanía pastoral a las familias afectadas, animando a mantener viva la esperanza y el compromiso solidario. La edición se completa con la entrevista a Luis Carlos Vilches, párroco de Grazalema, que ofrece un testimonio directo de cómo se han vivido estos días en la localidad, del impacto humano del desalojo y de la respuesta de la comunidad, marcada por el miedo, la incertidumbre, pero también por la solidaridad y la fe compartida.