Kintsugi

En Japón, cuando un jarrón se rompe, pegan los trozos con resina cubierta de polvo de oro para que cuente una nueva historia. Esas visibles uniones cuentan parte de la historia de ese objeto, y cómo algo que se había roto, puede volver a brillar contando una nueva historia. Hace tiempo que la izquierda española busca su propia manera de recomponer aquello que se ha roto, pero se olvidan de que las grietas siempre están a la vista. Cuando Pablo Iglesias intentó recomponer los pedazos de una izquierda golpeada por la gestión de Zapatero mucha gente compró el relato de 'lo diferente' mientras las técnicas de su populismo vestían casi cien años de historia. Sus grietas eran la promesa de hacer fácil lo difícil. Tras el descalabro apareció Yolanda Díaz: una mujer fuerte de izquierdas con un pasado sindical. Con esa carta de presentación, y un largo historial de cargos públicos en Galicia, Díaz venía a agrupar a toda la izquierda a la izquierda de la izquierda. Finalmente, y llegando a la vicepresidencia (igual que Iglesias), sus grietas fueron todavía más visibles. Ahora parece llegar Gabriel Rufián como una especie de nueva esperanza, y esta vez no le preocupa que se vean sus propias grietas. Las expone para decir que él no es lo mismo. Que su pasado independentista no le invalida para representar al agricultor murciano. Que su ideología, separatista, no es incompatible con querer agrupar a los diferentes. Con la esperanza de que la izquierda vuelva a cohesionarse, queda cruzar los dedos para saber si Rufián, que llegó al Congreso con la promesa de irse lo más rápido posible y ya va para diez años en el escaño, solo busca poder para cumplir su sueño territorial; o si realmente quiere luchar por los obreros españoles. Si consigue liderar una coalición en toda España tendrá dos retos principales: decirle a toda España que debe asumir recortes o subidas de impuestos para que algunos puedan seguir en su idealización de la patria catalana, y conseguir que la clase obrera (más unida que nunca a VOX) de un giro de ciento ochenta grados y le de un voto de confianza. ¿Quién sería capaz de, literalmente, romper el jarrón entero para que Rufián lo recomponga? Iván E. Saavedra Alonso. La Coruña Desde que se pusieron de moda las bicicletas y los patinetes eléctricos para desplazarse por la ciudad, pasear por sus calles se ha convertido en un nuevo deporte de riesgo. Tienes que poner todos tus sentidos en alerta si no quieres llevarte un disgusto. Ya no vale con mirar al frente, ahora tienes que hacerlo también a los lados y, sobre todo, hacia atrás. Lo que vino para convertir las ciudades en espacios cómodos y sostenibles, ha logrado todo lo contrario, pues no es raro ver estos artefactos circulando a toda velocidad por las aceras y las calles peatonales. Mario Suárez. Pilas (Sevilla)