Una prolongada racha de mal tiempo en las Islas Baleares está provocando graves problemas de abastecimiento en los mercados locales. La situación afecta de manera crítica al sector pesquero, que lleva semanas sin poder faenar, y también a la agricultura local, complicando la vida de los ciudadanos de la región. En puertos como los de Palma, Maó e Eivissa, pescadores y pescateros coinciden en que el temporal no solo complica las salidas faenando, sino que también repercute directamente en el abastecimiento y en los precios en las pescaderías. La inestabilidad meteorológica ha obligado a muchas barcas a permanecer amarradas durante jornadas enteras, especialmente en la costa norte de Mallorca y en Menorca, donde el oleaje ha sido más intenso. El impacto es especialmente severo en la flota pesquera. Un 15 % de las capturas en la región corresponden a Baleares, y de este porcentaje, el 70 % proviene de las "barques del bou". Estas embarcaciones acumulan meses sin poder salir a faenar, a lo que se suman las restricciones del "pla de llestiu", que ya obligó a un paro de 22 días consecutivos durante el mes de febrero, tal y como explica el presidente de la cofradías de pesca en Baleares, Domingo Bonnín. Esta combinación de factores ha provocado que el mercado lleve semanas parcialmente desabastecido. "Cuando es una racha de tres semanas, es muy complicado", explican fuentes del sector, ya que apenas llega pescado al mercado. En los mercados municipales, la situación se traduce en mostradores con menos producto autóctono y precios al alza. Paquita Bonnín, pescatera en el Mercat de Pere Garau de Palma, asegura que cuando no hay género suficiente de aquí, tienen que recurrir a producto de fuera, pero es que "esta vez tampoco ha sido posible por la mala mar", ha afirmado a los micrófonos de Cope Mallorca. El problema no se limita al mar. El mal tiempo impide también la llegada de producto de fuera a las islas, afectando a carnicerías y fruterías. A su vez, las condiciones meteorológicas adversas dificultan la recolección de la verdura de producto local, lo que según los afectados "complica la vida de todos". Las consecuencias económicas son notables, con una caída de la actividad de entre un 40 % y un 50 % en pescaderías y carnicerías. La sensación general es de impotencia ante una situación que se prolonga más de lo esperado: "Estamos atados de pies y manos", ha concluido.