A 116 años luz de la Tierra, los astrónomos han identificado un sistema planetario cuya arquitectura rompe uno de los patrones más básicos de la astronomía: el orden entre mundos rocosos y gigantes gaseosos. El descubrimiento, confirmado con observaciones de la NASA y la ESA, abre un debate incómodo sobre cómo se forman realmente los planetas alrededor de las estrellas más comunes.