La Brigada Antisuicidios de la Policía Nacional sabe hasta si pides comida a domicilio y ya ha salvado a más de 400 personas

En España se producen cada día 11 suicidios, una cifra que convierte esta realidad en la principal causa de muerte no natural, superando ya en casi tres veces a los accidentes de tráfico. El problema, abordado en el programa 'Herrera en COPE', es especialmente preocupante entre los jóvenes. Según datos de la Fundación ANAR, los casos de menores con ideación suicida han pasado de 255 en 2014 a más de 5.100 en 2024. Sin embargo, los expertos insisten en un mensaje de esperanza: el suicidio se puede prevenir. Detrás de cada número hay una historia, como la de Kira, una adolescente que se quitó la vida en 2021 por acoso escolar. Su padre, José Manuel, comparte su dolor y su nueva misión: "Era mi única hija y era mi vida. Nunca estaré bien, no la voy a recuperar, pero voy a hacer lo posible para que no mueran más Kiras". Su testimonio refleja una realidad que, como él mismo afirma, afecta a "muchos niños y muchas niñas" y subraya una idea fundamental que repiten los especialistas: la mayoría de las personas que se quitan la vida, en realidad, no quieren morir. El suicidio ha estado siempre rodeado de mitos por la falta de información, algo que, según los profesionales, es contraproducente. José Porte, psiquiatra en A Coruña, explica la importancia de abordar el tema de forma adecuada para reducir el riesgo, un fenómeno conocido como 'efecto Papageno'. Este se contrapone al 'efecto Werther' o miedo al contagio, que puede producirse si se trata el tema de manera "un poco sensacionalista". Porte es claro: "La evidencia científica nos dice que hablar del suicidio de forma adecuada no nos va a aumentar el riesgo, sino que puede reducirlo". El psiquiatra también confirma que el suicidio "es prevenible en muchos casos", aunque matiza que es "prevenible a nivel poblacional, pero que no es predecible a nivel individual". Para reducir las tasas de suicidio, el doctor Porte enumera medidas de eficacia probada como la restricción del acceso a medios letales, la mejora en la atención al trastorno mental grave, las intervenciones tras intentos autolíticos y el desarrollo de programas escolares de prevención. Para poder ayudar, es crucial saber identificar las señales de alerta. José Porte las divide en tres categorías. Primero, las señales verbales, con expresiones como "no puedo más", sentirse una carga para la familia o la frase, más común de lo que parece, "me gustaría dormir y no despertar" y la sensación de que "mi familia podría estar mejor sin mí". Segundo, los cambios conductuales, como un aislamiento repentino, despedidas inusualmente cariñosas o el acto de deshacerse de pertenencias apreciadas. Y, por último, los cambios emocionales: una tristeza profunda, una desesperanza marcada o incluso una irritabilidad constante. El psiquiatra señala una diferencia de género en estas conductas. "Es curioso que las mujeres lo intentan más, pero los hombres consiguen consumar el suicidio más", apunta. Una de las posibles explicaciones, según Porte, es que las mujeres tienden a buscar más ayuda profesional, mientras que los hombres, por factores culturales, "seguimos llegando menos a salud mental" por una falsa sensación de debilidad. En la era digital, muchas de estas señales quedan grabadas en la red. Para detectarlas, existe una brigada antisuicidio de la Policía Nacional. Se trata de una unidad de 16 agentes con sede en Madrid que opera 24 horas al día en toda España. Desde su creación en 2018, han logrado salvar más de 400 vidas rastreando redes sociales como TikTok o Instagram e incluso los chats de videojuegos como Fortnite. Uno de los agentes de esta unidad explica que su trabajo consiste en "identificar las amenazas que nos suelen llegar a través de diversos conductos". Una vez detectado un posible riesgo, activan un protocolo para averiguar "quién, cómo y dónde se puede estar produciendo esa amenaza". Para ello, analizan la huella digital de la persona, cruzando datos de fuentes abiertas y "todos los recovecos de Internet". El agente lo resume con una analogía: "Somos como un coche patrulla que encuentra a una persona que va a saltar de un puente. Nuestra misión es en ese momento localizarla, identificarla y evitar que lo haga en ese momento". El agente destaca que la mayoría de los casos que reciben, entre un 85% y un 90%, "son reales". Aclara que "llamar la atención no quiere decir que sea mentira", sino que la persona puede estar pidiendo ayuda porque no sabe cómo gestionar una crisis. Entre sus actuaciones, destaca el reciente rescate de una mujer y su hijo de 10 años, a quienes encontraron en estado semiinconsciente en su domicilio. En sus años de servicio, solo en dos ocasiones de más de 400 no pudieron llegar a tiempo. La labor de estos profesionales, tanto sanitarios como policiales, pone de manifiesto que la prevención es una tarea colectiva. Por ello, la Policía insiste en la importancia de la colaboración ciudadana. Cualquier persona que detecte un mensaje de despedida o una voluntad suicida en redes sociales debe comunicarlo a través de los canales reglamentarios. Un simple aviso puede activar el protocolo que, una vez más, salve una vida.