Peñarroya de Tastavins, en la provincia de Teruel, es toda una estampa pintoresca que cautiva a quienes la visitan Este pueblo aragonés alberga cerros, pinares pero, sobre todo, fuentes: casi tantas como habitantes Hallazgo arqueológico en Zaragoza: surgen restos de la muralla medieval y de una puerta construida en 15 días En provincia de Teruel , la localidad de Peñarroya de Tastavins se consolida como una joya de la comarca del Matarraña, donde la historia parece haberse detenido entre sus piedras centenarias. Ubicado al noroeste de la provincia, este pequeño municipio de origen medieval se asienta bajo el imponente Tossal de la Mola , desafiando la gravedad con sus calles empinadas y estrechas. Sus casas, decoradas con balcones de madera torneada y pronunciados aleros, ofrecen una estampa pintoresca que cautiva al viajero desde el primer momento. Es un lugar donde el silencio solo se rompe por el murmullo de las fuentes y el eco de un pasado que se remonta a tiempos inmemoriales. Cualquier curioso y agradecido visitante es recibido con los brazos abiertos por una comunidad que mima y conserva con orgullo cada rincón de su patrimonio de esta joya de Aragón . El entorno serrano que lo rodea completa un paisaje de gran belleza natural extraordinaria en el territorio. Uno de los mayores reclamos de esta villa, eso sí, es su asombroso legado paleontológico , que la sitúa en el mapa mundial de la ciencia por sus singulares hallazgos. Y es que en este pueblo turolense se hallaron los restos del Tastavinsaurus sanzi , un saurópodo herbívoro que habitó la zona hace aproximadamente ciento diez millones de años. Este gigante, que medía unos 17 metros de longitud , es uno de los ejemplares más completos y mejor conservados del mundo en su especie. Los huesos originales de este ejemplar de dinosaurio se exhiben en el centro Inhospitak , destacando como los únicos restos de estas características encontrados en toda la provincia . Además de la impresionante réplica a tamaño real, el museo ofrece audiovisuales que explican el complejo proceso de excavación, por lo que se trata de una oportunidad única para sumergirse en la prehistoria y comprender la evolución de estos seres que antaño dominaron la región hoy habitada. El santuario de la Virgen de la Fuente, declarado Patrimonio de la Humanidad, alberga dos ermitas situadas en un entorno natural idílico La génesis de Peñarroya de Tastavins está íntimamente ligada a la protección de su antiguo castillo , cuyos vestigios aún asoman en la parte alta. Tras ser reconquistada por el rey Alfonso I en el año 1169, la villa pasó a manos de la Orden de Calatrava en 1209. Fue bajo el amparo de esta fortaleza de origen musulmán donde comenzó a formarse un caserío que fue descendiendo por la ladera de la montaña. Todavía se puede contemplar el Pont Xafat , un profundo tajo en la roca que servía como foso defensivo o puente elevadizo del castillo. La influencia de la orden militar es visible en edificios emblemáticos, donde su cruz aparece grabada en piedra como símbolo de poder y pertenencia. Este pasado estratégico ha forjado el carácter de una población que ha sabido adaptarse a su difícil orografía de sierras. Pasear por el casco urbano es realizar un viaje en el tiempo a través de una arquitectura que combina funcionalidad y belleza artesanal en cada rincón. Las calles, diseñadas para salvar el desnivel del terreno, están salpicadas de escaleras y rincones con encanto que invitan a la exploración pausada del viajero. Destacan las casas palaciegas como la de Palomo, l'Afaito o la Ximeta, que muestran la antigua pujanza económica de las familias locales. El ayuntamiento , un edificio renacentista del siglo XVI, alberga en sus bajos una antigua cárcel que se conserva en perfecto estado, en la que se pueden observar esgrafiados realizados por los presos, ofreciendo una visión real de la justicia de antaño en la comarca. La lonja y los antiguos lavaderos completan este conjunto civil, recordando los tiempos en que el mercado era el centro social. A tan solo dos kilómetros del núcleo urbano, el santuario de la Virgen de la Fuente emerge como un espacio de profunda espiritualidad y arte mudéjar. Este complejo, declarado Patrimonio de la Humanidad , alberga dos ermitas situadas en un entorno natural idílico junto al río que da nombre al pueblo. La joya indiscutible es la Ermita de Dalt, una construcción del siglo XIV que esconde un tesoro bajo su techumbre de madera policromada. Se trata de una estructura con motivos heráldicos y rostros humanos, considerada una de las obras más valiosas de la carpintería aragonesa tradicional. Por su parte, la Ermita de Baix, de estilo barroco, fue levantada posteriormente para dar respuesta al creciente número de peregrinos y visitantes. El sonido del agua brotando de su fuente de quince caños añade una dimensión mágica a la visita de este enclave espiritual. Dentro del entramado urbano, la iglesia de Santa María la Mayor domina el horizonte con su imponente torre campanario de planta cuadrada. Este templo, construido en el siglo XVIII siguiendo los cánones del renacimiento tardío, destaca por su fachada monumental y sus tres naves. En su interior se conservan restos de pinturas barrocas y una gran pila bautismal que ostenta con orgullo el escudo de la Orden de Calatrava . No muy lejos se encuentra el espacio gótico Lo Roser, instalado en las ruinas de la antigua iglesia de San Miguel del siglo XIV. Este edificio cayó en desuso al construirse la parroquia actual, pero recientemente ha sido rehabilitado como centro cultural y expositivo del gótico. Sus muros góticos y arcos apuntados sirven ahora de escenario para interpretar el pasado medieval y fomentar el arte entre los vecinos. Paredes de 100 metros La naturaleza que rodea a Peñarroya de Tastavins es tan espectacular como su patrimonio construido, ofreciendo paisajes de una belleza salvaje y muy sobrecogedora. Las Rocas del Masmut son el monumento natural más emblemático, consistiendo en un monolito de paredes verticales que superan los cien metros . Este gigante de conglomerado y arcilla, que alcanza los 1.058 metros de altitud, es un santuario para numerosas colonias de buitres . Los senderistas que se aventuran por sus caminos se sienten embriagados por la majestuosidad de estas formaciones geológicas que dominan el horizonte. Además, el término municipal cuenta con el Tossal d'Encanader, que representa la segunda mayor altura de los Puertos de Beceite en este territorio. Estos parajes permiten disfrutar de rutas entre pinos, encinas y una fauna variada donde destaca también la cabra montés. Esta combinación de arte, deporte y naturaleza convierte a la villa en un destino imprescindible dentro de la comarca del Matarraña y Teruel . Perderse por sus calles empinadas es descubrir un legado que abarca desde la era de los dinosaurios hasta la sofisticación del arte mudéjar. Es, en definitiva, un lugar mágico donde cada piedra cuenta una historia y cada rincón invita al viajero a regresar pronto.