Por fin se han obtenido cifras concretas que demuestran algo que ya se intuía: el comercio internacional de alimentos también mueve problemas ecológicos. Aunque quienes coman los productos cultivados en un lugar vivan lejos, las consecuencias golpean fuerte donde se cultivan. Un trabajo aparecido en ‘One Ecosystem’ muestra por primera vez cómo fluye este impacto.