Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina están dando mucho que hablar. Por lo deportivo, como es lógico, pero también por lo que tiene menos que ver con la competición. Si muchos competidores del equipo estadounidense han mostrado su repulsa a la violenta policía migratoria (ICE) de Donald Trump, también ha habido espacio para el amor. O más bien para el desamor.