A ella la conoces perfectamente porque, aunque sea unas milésimas de segundo, la has visto en la televisión. Solía aparecer, sobre todo, en 'Sálvame' cuando sometía al polígrafo a algún personaje del corazón y destapaba todas esas mentiras que había intentado esconder. Se llama Conchita y, más que un personaje que aparece en televisión, es una de las poligrafistas más reconocidas en la matería. Sus años de experiencia la avalan y, por eso, se sienta en 'La Tarde', para hablar sobre una prueba que vuelve a estar de vigente actualidad. Y es que Koldo García ha solicitado esta prueba. Ya sabes que el que fue asesor de José Luis Ábalos va a afrontar en abril el juicio por el cobro de mordidas por la compra de mascarillas durante la pandemia y su defensa ayer pedía que se sometiese a la prueba del polígrafo. Y aunque parece algo totalmente lícito, prácticamente con total seguridad podemos decir que el juez denegará esa propuesta. El ordenamiento jurídico en España no regula el uso del polígrafo, lo que no quiere decir que esté prohibido, pero los jueces insisten en que es difícil en el ordenamiento que suceda. “Dice la verdad” o “miente” son dos expresiones que Conchita Pérez decía con asiduidad cuando alguien se sometía al polígrafo. Lo sigue haciendo, pero todo está basado en ciencia, no es tan fácil como interpretar un par de variables. En 'La Tarde' ella misma explica cómo funciona este detector de mentiras y cómo a ella le llegó la pasión por este trabajo. “Fui casualmente en una ocasión a una comisaría y estaban gritándole a un señor y decía: "es que esto en España es delito". Y él decía: "pero es que no lo he hecho". Entonces me di cuenta de que cuando ocurren cosas en el pasado sin testigos es muy difícil poder demostrar lo que ha ocurrido” contaba. Decía que estaba a punto de jubilarse de una empresa cuando le llegó la pasión por esta profesión. “Pertenezco a la American Polygraph Association a la que solamente pueden pertenecer personas que están debidamente preparadas y en Estados Unidos pues se usa hace muchísimos años y en los juicios. Y hay ocasiones, incluso todos lo hemos visto que los jueces sobran, sobre todo para los pederastas, cuando salen con la condicional” decía. “Eso que sale en las películas que hay dos policías en la puerta y cuando el poligrafista dice con la cabeza que sí, que ha incurrido en lo que tiene prohibido (acercarse a un colegio, ver revistas gráficas de niños, cosas de estas), va directamente sin juez, va directamente otra vez a la cárcel” expresaba. Estas pruebas se utilizan en Estados Unidos en muchos juicios, y tiene una razón. “Yo he asistido a juicios normales, a juicios penales y sí que hay veces que el juez se interesa muchísimo en saber cómo se ha producido la prueba, qué ha ocurrido y la verdad que a mí me tratan siempre muy bien en los interrogatorios a los que he asistido. Siempre la aceptan al menos como una pericial” expresaba. Detrás de cada prueba, hay una preparación exquisita, como explica Conchita. “Previamente lo que se le hace es prepararle, decirle qué es lo que va a hacer, hacer una prueba primero para ver si su cuerpo responde a mentiras y verdades en preguntas que no le afectan. Entonces cuando terminas la prueba, que son siete preguntas, en una te tiene que haber mentido y le enseñas y le dices: "Mira aquí qué ha pasado concretamente en esta"” expresaba. Y es que dice que no es tan sencillo que puedas engañar a la máquina y mentir sin que se dé cuenta. “Tenemos un componente nervioso que comienza en la nuca y acaba en el ano, que todas esas ramificaciones nerviosas cuando te sientas ante una prueba a la que sabes que vas voluntariamente y que vas a demostrar algo... Cuando tú tienes conocimiento en mente de una cosa y por la boca dices otra, yo te aseguro que es prácticamente imposible poder manejar lo que es la respiración torácica, la respiración abdominal, la presión sanguínea, la sudoración, el esfínter que instintivamente sin poderlo controlar se cierra y se abre” decía. Una prueba que suele durar unas 2 horas pero que, muchas veces, puede alargarse. Respecto al precio, también habla y claro. “Yo cobro 375 € a todos. Igual me da que sean pocas preguntas que más. Yo intento ayudar” sentenciaba.