La visita a Venezuela del secretario de Energía norteamericano, Chris Wright, ha dejado dos claros ganadores con un reparto muy desigual. De un lado, y de manera previsible, la Administración de Donald Trump, que, tras el desplazamiento de Nicolás Maduro del poder, se considera artífice las primeras ventas de petróleo venezolano por 1.000 millones de dólares. Wright profetizó que en poco tiempo se quintuplicarán esos números. Washington ha suavizado además las sanciones al sector energético. La "presidenta encargada", Delcy Rodríguez, también tuvo sus razones para celebrar. Prodigó sonrisas al enviado del magnate republicano y, a la vez, en el contexto de su gira, que promete ser apenas el comienzo de una presencia recurrente, se permitió ciertos gestos de endurecimiento hacia los sectores más duros de la oposición, encabezados por María Corina Machado. Rodríguez advirtió a la dirigente que deberá "responder" en Caracas por sus posiciones políticas en sintonía con la intervención militar de EEUU. A la vez, su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional (AN), descartó de plano elecciones en un plazo a la vista, mientras el oficialismo ha pisado el freno de la ley de amnistía. La velocidad prometida ya no es tal y la semana que viene podría promulgarse una iniciativa que tiene un artículo problemático: el reconocimiento de los beneficiarios de que cometieron un delito contra el Estado, algo que la oposición, incluso la moderada, no está dispuesta a aceptar.