Ya es extraño que una cabeza de proporciones casi bíblicas encierre tan escasa materia gris. Quizá, para compensar esta singular, evidente asimetría, yace entre los meandros del cráneo del ministro López un exceso de serrín, o de pájaros que le provocan una suerte de patinaje verbal que le arrastra hacia el ridículo. Pero le reconocemos cierto mérito, acaso involuntario, porque cargarle el muerto de la derrota a un señor que está muerto no es sino cabriola fúnebre preñada de mala leche. La manía de buscar un culpable multiusos que evita cualquier autocrítica impulsó al ministro, al estadista que buscó tres razones para votar al PSOE y sólo encontró dos (muchas me parecen), a vapulear la memoria del compañero que cruzó... Ver Más