André Álvarez Abal tenía el encuentro con Borja Iglesias en la cabeza desde que una imagen suya, en la grada de Balaídos, dio la vuelta al celtismo. Con solo ocho años, el niño vilagarciano sostuvo durante el partido ante el Rayo Vallecano una cartulina hecha a mano para arropar a un futbolista que atravesaba días incómodos por la tormenta de comentarios homófobos recibidos en redes. El mensaje era tan simple como valiente: «Borja, estamos contigo. Tú no le hagas caso». No había coletilla para pedir una camiseta, ni un «regálame» disfrazado. Solo apoyo. Corazones dibujados, un panda con bambú y una camiseta celeste completaban una pancarta que, por su inocencia y empatía, terminó teniendo un peso enorme.