Nos dicen los medios de comunicación, que una cantidad ingente de autónomos han cesado, que la inversión extranjera está en mínimos, que empresas importantes actúan con E$ES, y otras están despidiendo personas cuantiosamente. Y en mi opinión todavía los emprendedores no han empezado a contratar robots inteligentes. Claro está que esa inteligencia es proporcional a la del ser humano que se la ha dado. De por sí, fabricaciones de muy diversos productos han conllevado los despidos masivos en centros de todo tipo (telefonía, sectores financieros, automóviles, etcétera). Pero la revolución técnica será total cuando los robots se utilicen en tareas repetitivas. Dicen informes de muy alta cualificación que en el caso de sustitución por los robots pueden estar impactados entre 400 y 800 millones de puestos de trabajo en el mundo y que al menos una tercera parte de las profesiones actuales podrían llegar a ser automatizadas, como la ejecución de informes, tratamientos de documentos. No obstante, otros, queriendo adelantarse, pusieron robots inteligentes y observaron que los costes de producción o de fabricación no habían disminuido, por lo quedaba esperanza de que la adopción precipitada del automatismo no era lo adecuado para el trato con los clientes, que siempre aceptarán mayormente tratar con seres humanos. Todavía pues estamos lejos de ser reemplazados por robots, pero el riesgo sigue estando latente.