Se echó a llorar nada más terminar su canción. Al 'Dios del Cuádruple' le salió todo mal en la pista de hielo de Milán. Se hizo mortal el que estaba predestinado a ser el más grande de todos los tiempos y tuvo que conformarse con un octavo puesto. Fue quizá el peor programa de su vida, su peor pesadilla en el momento en el que tenía a todos con los ojos puestos sobre él. Con ello, y el magnífico programa que culminó Mikhail Shaidorov, el patinador kazajo se llevó el oro en una final eléctrica y completamente impredecible.