Relato hiperbreve o cuántico

Ya me he referido en alguna ocasión al relato breve o hiperbreve, un género literario considerado menor y maltratado por la historia. No en vano la literatura de los siglos XIX, XX y XXI nos ha deparado grandes cuentistas, maestros del relato corto, y por encima de cualquier otro continente, los hispanoamericanos se llevan la palma. ¿Habrá alguien que no haya leído las minificciones de Juan José Arreola, Augusto Monterroso o Julio Torri? Pero la literatura española también es rica en dicho género. Ahí tenemos a Ángel Olgoso, por ejemplo, o Juan José Millas, sin lugar a duda un auténtico maestro del «escapismo» y del relato breve, todo un alarde literario llamado a acompañarnos en la mesilla de noche durante bastante tiempo. O Andrés Neuman, poeta, novelista, autor de relatos y «contador de historias», o los «relatos cuánticos», de Juan Pedro Aparicio en los que cobra más dimensión «lo que no está que lo que está, aunque todo esté». Y por supuesto, no podemos olvidarnos de Ángel Olgoso, para no pocos, el maestro. Podríamos citar a muchos más… aunque yo al menos me quedo por su escasa presencia en el género con Cristina Fernández Cubas, autora de alguno de los más maravillosos hiperbreves de la literatura española. Sin embargo, el microrrelato, hiperbreve, relato cuántico, cuento corto, minificción…, por fin ha alcanzado la madurez como género literario. Es más. Se codea de igual a igual con sus hermanos mayores, la poesía, la novela, el aforismo…Y rebuscando en los anaqueles de las librerías, gracias al buen hacer de las Editoriales Paginas de Espuma y Menoscuarto, podemos encontrar maravillosos cuentos de Luis Mateo Diez, Medardo Fraile, Juan Pedro Aparicio, Max Aub, Manuel Moyano, Javier Tomeo, Max Aub, o Ana María Matute, compartiendo espacio con Fernando Quiñones, Ángel Olgoso, Juan José Millas, José María Merino, Oscar Esquivias…y tantos otros. Solo cabe decirle al lector: por favor, sean breves al leer los microrrelatos, pero déjense enredar por la magia de sus palabras. Porque como decía Julia Otxoa, otra cuentista, microrrelatista, «en este umbral del siglo XXI es absolutamente necesario acabar con la estrechez de miras en la percepción de otros géneros que no sean la novela, el ensayo, o el cuento clásico».