El peluquero Antonio Abreu quiere resolver una de las preguntas más comentadas en el mundo de la belleza y la salud capilar: ¿Cuál es la mejor temperatura para lavarse el pelo? La respuesta, en verdad, es sencilla, pero se apoya en ciertos matices que el experto cree necesario comentar. Antes de mostrar sus declaraciones, hay que insistir en que no existe una única forma correcta de lavarse el pelo. Cada cabeza es un mundo y necesita de unos cuidados adaptados a su tipo de piel, su largo de melena y el tiempo que tenga disponible para dedicarle. Dentro de la variedad de circunstancias, hay algunos consejos que se pueden seguir de forma universal y que mejorarán el cabello, por dentro y por fuera. En esta faceta de la belleza, la salud está íntimamente ligada con la apariencia y así hay que enfocar el tema de hoy. Antonio Abreu explica que todo el mundo debería comenzar a cuidar su cabello antes de entrar a la ducha. «El pelo se debe de cepillar primero para que se desprenda toda la suciedad del cabello», insiste. Librarse del polvo, piel muerta y enredos en seco facilitará el paso siguiente. «Lo primero sería poner agua templada, a una temperatura agradable y empezar a enjuagar mucho». Antes de acudir al champú, se debe empapar el pelo y la piel de la cabeza en agua y que el flujo elimine parte de la suciedad. Aquí la temperatura es clave: el agua fría no retira el aceite y el agua muy caliente abre tanto la cutítula que el pelo se puede desprender. La temperatura templada ideal para lavar el cabello se sitúa entre 30°C y 40°C. Todavía sólo con agua, hay que «mover, mover, mover bastante el pelo, metiendo la yema de los dedos en el cuero cabelludo para que el agua penetre bien dentro, porque muchas veces mojamos el pelo, pero ni siquiera llega el agua caliente al cuero cabelludo». Que no nos importe gastar unos minutos en preparar bien el pelo para el enjabonado posterior. «Seguidamente, nos pondríamos un poco de champú en la mano». La recomendación del peluquero es acudir a un champú cotidiano si el cabello está muy sucio, y hacer un primer lavado de las raíces. La técnica más amable y efectiva es «friccionar el cuero cabelludo con mucha suavidad con la yema de los dedos» y después aclarar «para que el agua y el champú vaya saliendo del cuero cabelludo y vaya pasando por el pelo». Las puntas no reciben jabón de forma directa o se dañarían. «Una vez la primera mano, deberíamos dar una segunda mano que ya sí sería con el champú adecuado a ese pelo . Repetiríamos la operación, pero ya de una manera con mucho más masajeada en el cuero cabelludo, porque hay que preocuparse más del cuero cabelludo que del cabello», recuerda. El cabello se limpia solo gracias al residuo de champú que cae desde las raíces y el agua templada que sigue cayendo en la cabeza. El foco está, de nuevo, en la cabeza: «Hay que preocuparse de dejar el cuero cabelludo en perfecto estado, si no, no estás lavando bien esa cabeza». La limpieza de la piel depende en gran medida del agua y «nada del exceso de producto». Por eso antes se ha recomendado aplicar el champú en la mano, repartirlo uniformemente y emulsionarlo frotando las manos antes de llevarlo al pelo.