Un investigador plantea si Córdoba fue una de las siete ciudades tartésicas mencionadas por Justino

Fernando Penco presentó su estudio el pasado jueves durante su nombramiento en la Real Academia de Córdoba Opinión - Las raíces de Córdoba ¿Pudo ser Tarteso una especie de heptarquía? ¿Estamos ante una liga o confederación de siete ciudades a la manera de las que surgieron en Etruria, Grecia o Fenicia? La primera Córdoba. El primer asentamiento en el que esta ciudad comenzó sus larga y reluciente historia, podría tener un pasado aún más relevante de lo que tradicionalmente se ha considerado. Esa es la hipótesis que plantea el arqueólogo y escritor Fernando Penco, quien ha analizado la posibilidad de que la antigua Corduba formara parte de las siete ciudades tartésicas mencionadas por el historiador romano Justino. El estudio fue presentado el pasado jueves con motivo de su ingreso como académico correspondiente en la Real Academia de Córdoba. Durante su intervención, Penco abordó uno de los grandes enigmas de la protohistoria peninsular: la verdadera naturaleza de Tarteso. A partir de las fuentes clásicas (citó a Estrabón o Mitrídates del Ponto), y muy especialmente del epítome de las Filípicas de Trogo conservado por Justino, el investigador recordó que este autor alude a una organización territorial basada en siete ciudades, lo que abre la puerta a interpretar Tarteso no solo como un enclave concreto, sino como una posible confederación o sistema de ciudades-estado. En este línea, Penco recordó que esta vía ya la abrió Martín Almagro cuando en diciembre de 2011 se celebró en Huelva un importante congreso internacional sobre los antepasados de los turdetanos: “El profesor, al ocuparse de la organización del territorio tartésico, habló de ciudades-estado y de anfictonías, concepto que vendría a significar liga o alianza de antiguas ciudades-estado griegas”. Fosa común con cuatro cadáveres de hace 5.000 años localizados La colina de los Quemados: punto clave En este contexto, cuenta el investigador, Córdoba entra en escena. Según Penco, diversos indicios arqueológicos, geográficos y filológicos permiten plantear que la primitiva Corduba pudo desempeñar un papel relevante dentro de ese entramado tartésico. “La riqueza minera de su entorno, especialmente en plata y cobre, y su posición estratégica junto al Guadalquivir la convierten en un enclave clave para comprender las redes comerciales de la época”, señaló. El investigador subrayó que la ciudad, asentada en la conocida colina de los Quemados, habría actuado como un importante centro metalúrgico conectado con el Mediterráneo, impulsado por la llegada de los fenicios al sur de la Península Ibérica. Para ello recordaba las investigaciones que han situado en este punto el oppidum prerromano . A ello se suman las evidencias de actividad protohistórica en enclaves cercanos, como Ategua o el cerro del Castillo de Santaella, así como la presencia de estelas de guerrero y otros vestigios culturales asociados al mundo tartésico. Estela de Guerrero de Ategua. Un marco para la reconsideración del papel de Córdoba Otro de los argumentos expuestos se apoya en la aparición de Corduba en los vasos de Vicarello, considerados una especie de mapa de rutas del mundo romano. En ellos figura como una de las paradas relevantes en la vía Augusta, junto a ciudades de gran antigüedad como Gades, Carmo o Astigi, lo que, según Penco, refuerza la idea de su importancia histórica previa a la romanización. El topónimo Corduba, de posibles raíces prelatinas y vinculado por algunos estudiosos al ámbito turdetano, también constituye una pieza clave en la argumentación. Para el investigador, estos elementos, en conjunto, “no prueban de forma definitiva la hipótesis, pero sí ofrecen un marco sólido que invita a reconsiderar el papel de Córdoba en el mundo tartésico”. De hecho, el propio Penco indicaba que su hipótesis puede servir, no solo para ampliar la perspectiva sobre los orígenes de Córdoba, sino para reabrir el debate sobre la estructura política y territorial de Tarteso, una de las civilizaciones más enigmáticas de la Antigüedad en la península ibérica. Fragmento de cerámica protohistórica del Cerro del Castillo de Santaella