Córdoba ¿'fake flowers'?

No me imagino recorrer Lisse, la “ciudad de los tulipanes” en los Países Bajos y toparme con flores de plástico. En Ámsterdam me enamoraron los tulipanes que en cada establecimiento colocan con amor patrio a lo natural y autóctono. En Okinawa, hace justo una semana, me quedé sorprendida en el aeropuerto de Naha: lucía repleto de orquídeas. En cada mostrador, en cada tienda y hasta en los grandes ventanales por los que se ven los aviones. Había tantas y tan diversas, que llegué a pensar que eran de plástico. Así que haciendo algo muy español -y muy poco japonés- me fui acercando y tocando aquí y allá y sí, eran orquídeas naturales. Luego descubrí que Okinawa alberga cada año la Exposición Internacional de Orquídeas y que es un lugar de su cultivo intensivo. Y es que hay lugares en el mundo que tienen el privilegio de ser conocidos, más allá de su historia o su arquitectura, por tener una identidad floral como parte de su esencia. Y Córdoba, innegablemente, es uno de ellos, con sus geranios y gitanillas y la belleza y el olor único de nuestras flores de azzahár , del árabe hispánico y antes del árabe clásico zahr . Si Medina Azahara se llama así, digo yo que será por algo. Así que, mi querido José María, te comprendo, es difícil meterse en la decoración que cada hortera de esta ciudad quiera poner en su casa. Pero, francamente, no creo que lo sea si esas horrendas fake flowers ocupan de alguna manera la vía pública y afectan de manera evidente a la imagen de nuestro casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad. Uno de los conjuntos medievales más importantes de Europa, fusión de cuatro culturas… ¿Tiene que soportar esas buganvillas de plástico, tiesas, incluso ancladas -supongo con silicona- a la vía pública que nos están invadiendo? No, no lo creo. Turismo de Córdoba tiene dedicado dentro de CÓRDOBA ES + (¡me encanta el eslogan!) un programa específico para Córdoba en Azahar. ¡Fantástico! Pues ahondemos ahí. Antes de que Sevilla se apropie de nuestro azahar -ya está en ello-, en vez de gastar dinero para servirles de teloneros en la promoción de su Feria de Abril (que, francamente y como diría Rhett Butler, esa feria “nos importa un pito”), paguemos para que algunos aprendan arte floral y, hasta si hace falta, destinemos fondos a la decoración floral exterior de los establecimientos del casco histórico, antes de que el cutre virus de las fake flowers se extienda aún más. Alcalde, no podemos consentir que se plastifique una de nuestras esencias. No imagino a los millones de viajeros que estos meses viajan a Japón para ver los cerezos en flor, encontrarse en el centro histórico de Kioto con cerezos de plástico en esas machiyas o casas tradicionales de madera, en el precioso distrito de Gion o, mucho peor, con falsas y chillonas buganvillas en sus fachadas, en las tiendas de souvenir -que también las hay- o en las puertas de los ryokan, esos hotelitos tradicionales que hoy ocupan las casas de la zona histórica, con sus jardines interiores, exactamente como los nuestros de aquí pero con sus patios. La ciudad califal, única en el mundo por sus cuatro patrimonios, la del espectáculo sin igual de Los Patios, la del Festival Flora , la que huele a azahar más que ninguna otra del mundo… ¿con fake flowers en su centro histórico? ¡No me fastidien, por favor! Siempre se puede hacer algo y más cuando uno manda. Y, si no, que se lo digan a algunos.