Tarde triunfal en Sanlúcar de Barrameda con una triple puerta grande

La novillada matinal celebrada en Sanlúcar de Barrameda ha resultado un completo éxito, con los tres novilleros anunciados saliendo a hombros. Víctor Barroso, Francisco Fernández e Isaac Galvín han cuajado una rotunda actuación que les ha permitido repartirse un total de siete orejas y un rabo. Víctor Barroso ha cuajado una tarde de rotunda madurez en la que ha paseado un total de tres orejas. Tras una primera faena marcada por su inteligencia y capacidad, la cumbre de su actuación ha llegado frente al cuarto de la tarde, un ejemplar de excelente condición de González Conde. El gaditano ha toreado con un "guante de seda", basando su labor en un pulso milimétrico y una ausencia total de tirones. Barroso ha aprovechado la clase del astado para dibujar muletazos al ralentí, profundos y de mano baja, en una actuación de gran factura estética. Su limpieza y buen hacer le valieron la salida a hombros tras una estocada certera. Por su parte, Francisco Fernández ha ofrecido una tarde de gran dimensión y solvencia lidiadora, logrando las dos orejas del quinto. Aunque ya había mostrado una notable firmeza frente al complicado y áspero segundo, fue en el quinto donde emergió su mejor versión. El de Los Barrios ha sabido leer a la perfección los terrenos y las condiciones del animal, construyendo la faena sobre el pitón izquierdo. Al natural, Fernández ha toreado "con expresión, verdad y un trazo profundo" que ha conectado de manera inmediata con los tendidos. Isaac Galvín ha firmado un debut de entrega absoluta. Se ha enfrentado en primer lugar al bravo tercero, un animal premiado con la vuelta al ruedo, al que ha sabido aprovechar su codicia para cuajar "series ligadas de mano baja y largo trazo por el pitón derecho" que calaron hondo en el público. En el novillo que cerraba la plaza, el gaditano ha exhibido un gran criterio lidiador para corregir la querencia de su oponente. Lo ha sacado a los medios y ha sometido su embestida con autoridad en tandas de mucho calado, lo que le ha permitido redondear la tarde y pasear las dos orejas y el rabo.