Como cada año, España se prepara para el cambio de hora que da la bienvenida al horario de verano. En la madrugada del próximo domingo 29 de marzo de 2026, a las 2:00 de la madrugada los relojes se adelantarán para marcar las 3:00. Este ajuste, coordinado en toda la Unión Europea, nos regalará más luz por las tardes, pero también nos restará una hora de sueño, un hecho que aviva el debate sobre su verdadera idoneidad. Lo que hoy es una costumbre para millones de ciudadanos es en realidad una medida con más de un siglo de historia. La práctica de adelantar los relojes se remonta a la Primera Guerra Mundial, cuando países como Alemania, Francia y Reino Unido la adoptaron para ahorrar carbón. En España, tras aplicarse de forma intermitente, se instauró de manera definitiva en 1974 como respuesta a la crisis del petróleo. El principal argumento para mantener el cambio de hora ha sido siempre el ahorro energético. Sin embargo, esta idea cuenta cada vez con más detractores. El divulgador científico Manuel Toharia asegura que se trata de una molestia inútil, afirmando que "el consumo energético el día antes y el día después de mover las manecillas es exactamente el mismo". Según Toharia, no existen pruebas contundentes que demuestren un ahorro real en los hogares actuales, por lo que la medida se mantendría más por inercia que por una utilidad probada. La regulación actual se basa en una directiva europea del año 2001 que busca unificar los horarios en el continente para no perjudicar al mercado interior. A pesar de la norma, la controversia sobre el supuesto beneficio económico sigue sobre la mesa, poniendo en duda uno de los pilares que ha sostenido esta práctica durante décadas. Más allá del debate económico, la principal preocupación se centra en la salud. Los médicos advierten que alterar la hora afecta a nuestro reloj interno, conocido como ritmo circadiano, que regula funciones vitales. Al adelantar el reloj, se desajusta la producción de melatonina, la hormona del sueño, lo que puede provocar síntomas parecidos al jet lag: fatiga, cansancio, irritabilidad e incluso cambios en el apetito. Por esta razón, organizaciones como la Sociedad Española del Sueño (SES) defienden la instauración de un horario único durante todo el año, recomendando específicamente el de invierno (UTC+1). Los especialistas argumentan que este horario se alinea mejor con el ciclo natural de luz solar, permitiendo un despertar más progresivo y beneficiando el rendimiento intelectual. Además, alertan de que España mantiene un huso horario que no le corresponde geográficamente. El fin de esta costumbre podría estar más cerca de lo que parece, aunque el camino no está exento de obstáculos. En 2018, una consulta pública de la Comisión Europea reveló que el 84% de los europeos quiere eliminar el cambio de hora, un porcentaje que en España ascendió al 93%. A pesar del clamor popular, la falta de consenso entre los Estados miembros ha mantenido la propuesta bloqueada en el Consejo Europeo. El propio Gobierno de España ha sugerido que 2026 podría ser el último año con cambio estacional, pero para ello es necesario alcanzar una mayoría cualificada en Bruselas. Mientras la política y la ciencia buscan un punto de encuentro, los ciudadanos tendrán que adaptarse una vez más a un nuevo horario, adelantando sus relojes este domingo y esperando una decisión que podría traer una estabilidad horaria definitiva.