Brutalidad de Quique Llopis: plata mundial en los 60 vallas

Era el hombre de los cuartos puestos. En los Juegos Olímpicos, en los mundiales, tanto al aire libre como en pista cubierta... También el del famoso tropiezo que lo dejó inconsciente durante la final del Europeo de Estambul. Un supuesto Poulidor que, simplemente, aún no había alcanzado su plenitud. Quique Llopis , que nunca perdió la esperanza ni la motivación, logró la segunda medalla para España al caer la noche: una plata tras acabar segundo en la final de los 60 vallas, superado solo por el polaco Jakub Szymanski (7.40). Pinchó el estadounidense Trey Cunningham, tercero con 7.43, tras haber firmado la mejor marca mundial del año en las semifinales (7.35). Tampoco dio la talla el francés Wilhem Belocian, quien en teoría debía jugarse el bronce con el español. Sí lo hizo Llopis, y a lo grande. Para lograr esta medalla tuvo que rebajar su propia plusmarca nacional en tres centésimas (de 7.45 a 7.42). Él mismo admitía esa posibilidad en los días previos a viajar, cuando aseguraba que se conformaría con dejarlo todo en la pista, fuera cual fuera el resultado. Lo hizo, también, pese a competir todo el día con una molestia en el pie que le llegó de golpe antes de las series matinales. «Lo he arrastrado en las tres carreras, aunque en la final estaba anestesiado y ya no sentía nada», diría después. Llopis, puro nervio en la competición, es un mar de tranquilidad fuera de ella. Más allá del nivel de sus rivales, es muy difícil que rinda por debajo de sus posibilidades; la presión no va con él. En la semifinal, disputada unas horas antes, ya corrió en 7.46, otro ejemplo de una regularidad que en estos campeonatos tiene un valor incalculable. En la carrera decisiva, el de Bellreguard (25 años) partió desde la calle 2. Su salida fue estratosférica, con el mejor tiempo de reacción entre los ocho participantes (0.132). Tal vez era eso lo que necesitaba: un comienzo impecable, sin dudas. Desde el inicio se emparejó con Szymanski mientras Cunningham, el jamaicano Prince y Belocian sufrían por igualar el ritmo en el primer tramo. En poco más de siete segundos y cinco vallas, todo estaba resuelto. Llopis llegó a verse líder tras superar el tercer obstáculo y también en la propia meta, donde se intuía que tenía la medalla asegurada, aunque no el color. Cuando comprobó el resultado en los marcadores, se llevó las manos a la cabeza. Lo suyo es un premio al trabajo: al suyo y al de Toni Puig, el hombre que ha pulido el diamante hasta convertirlo en subcampeón mundial.