Detrás de cada ley humana existe un gran socavón alimentado por la codicia ideológica, la desigualdad y la injusticia. Se asemeja a una trama sofisticada que se urde para paliar la desazón social a base de decretos y mentiras que los propios tribunales de justicia son incapaces de manejar, no por falta de preparación, sino por ceñirse a una estructura falaz e inconsistente.