Estamos casi a punto de saber que lo único que sabemos es que no sabemos lo que nos pasa. Porque lo que no imaginamos fue esta sucesión de estímulos que no dejan en paz los horizontes. Nadie, nadie lo supuso. Porque es una cadena de accidentes naturales y de decisiones de hombres dispuestos a dejar en el mundo la huella de su sinrazón. No hay regla internacional que resista esta avalancha. La cuestión es si el terremoto es pasajero o va a ser así siempre –"siempre" podrían ser 10 años-. Yo creo que va a ser pasajero. Aunque, dada su intensidad, dejará suficientes destrozos como para que figure en los libros de historia y para arrasar con la vida de millones de personas. En definitiva, la globalización va a seguir y la mentalidad neoliberal también, aunque con cambalaches internos notables. Y el cambio climático y las pulsiones violentas de algunos enamorados de las guerras. La cuestión será dilucidar cómo recombinar todo eso. Porque enfrente, por así decir, la humanidad también generará respuestas, resistencias. Ya está pasando. Ello no nos conduce a un optimismo desbordante, pero, me parece que nos da la esperanza de que la razón no está absolutamente vencida. La cuestión es no caer en la banalidad del juego moral de buenos y malos, blanco o negro; ni, tampoco, confundir la defensa de ideas e ideales con una añoranza innecesaria.