Hay espectáculos que entretienen, otros que hacen reír, y algunos que invitan a pensar. Pero muy pocos consiguen hacer todo eso al mismo tiempo. Volar es humano, aterrizar es divino, la aclamada obra de Enrique Piñeyro, pertenece a esa rara categoría que mezcla humor inteligente, reflexión profunda y una puesta en escena sorprendente que no deja indiferente a nadie.