Todos hemos presenciado alguna vez cómo un niño se sube al tobogán mientras su madre grita «¡Manolito, ten cuidado!». Manolito, como era de esperar, no tiene cuidado y acaba estrellándose contra el suelo de los columpios. Las modernidades permiten que el golpe sea absorbido por una superficie a base de vete tú a saber qué complejo polímero y el niño no se hace daño. La madre acude rauda ante el batacazo del crío que sólo tiene dos opciones: reír o llorar. Ninguna de las dos es la acertada. Si se ríe la madre le arreará un cachete y si no llora mucho recibirá el mismo cachete al grito de «ahora vas a llorar por algo». Parecer difícil encajar que esta... Ver Más