Cómo hemos acabado teniendo casas por todo un territorio que no estaba pensado para construir?». La pregunta que formula Miquel Rosselló Xamena no es solo el punto de partida de una investigación académica impulsada desde el MIT –una de las universidades más prestigiosas del mundo–, sino el reflejo de una anomalía que Mallorca ha normalizado durante décadas. Los datos son contundentes: más de 55.000 viviendas en suelo rural y, de ellas, al menos 15.800 potencialmente contrarias a la normativa. La cifra, además, es conservadora. Si se amplía el foco a suelos protegidos o inundables, la magnitud del fenómeno adquiere dimensiones aún más preocupantes.