Se hace cada vez más sospechosa la gente que dice estar en el lado correcto de la Historia, con mayúsculas. Da la tentación de acercarse a quien está descolocado y no parece tener claro cuál es ese reverso adecuado porque algo le da que ambos son erróneos. Si se pega una ojeada al arco político español pareciera que todos están llenos de certezas. Por supuesto que Vox tiene clarísimo que hay que inflar a bombas a los ayatolas y no me toques la pirola. De Pedro Sánchez para la izquierda la certeza es la opuesta: Donald Trump es un salvaje que amenaza todo orden mundial sensato y deseable. Y ahí en medio está el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo que carece de una idea clara de lo que está pasando. Le gustaría subirse al carro opuesto al de Pedro Sánchez por instinto, pero algo le dice que tampoco está mal tirado lo que dice. No le ayudan sus referentes europeos que no saben tampoco qué ocurre. Vean a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, que un día se sube a un lado correcto de la historia y al día siguiente la bajan, como le ocurre al canciller alemán cada día. Quieren ser amigos de Trump pero ven que es un desastre. Por eso se siente simpatía por Feijóo estos días, porque es el que no sabe cuál es el lado correcto de la Historia, aunque algunas en su propia formación se empeñen en trazárselo. A lo mejor todos son equivocados. Ha pasado muchas veces. Entre Roma y Cartago ¿quién era el bueno? O por irse más cerca, viajen a 1914.No había lado correcto ahí entre anglófilos y germanófilos y mira que se discutió. La intuición general es que, de todo lo que está pasando no sale nada bueno para casi nadie, pero que tampoco los agredidos son trigo limpio en absoluto. Por lo tanto, quien se mueve en la duda es quien tiene la razón. Y no deja de ser coincidencia que los autores de ‘Ayatolah no me toques la pirola’ también fueran gallegos.