Mandamientos

Cuando manejas información todos los días durante muchas horas y esto se acumula a lo largo de décadas, los personajes relevantes de la actualidad llegan a formar parte de tu paisaje familiar. Los periodistas vemos a políticos, líderes religiosos, economistas, actores, artistas y toda clase de personalidades relevantes con mucha más cercanía que el resto de los mortales. Nos alimentamos de ellos a diario. Si tu foco está en el ámbito internacional, percibes las noticias del telediario con otra dimensión. La muerte de Ali Jamenei o Ali Larijani no nos resulta indiferente como al común de los mortales. Habíamos hablado y escrito sobre ellos durante años, conocíamos su rostro, sus gestos, su voz. Lo mismo con cualquier líder de cualquier rincón del mundo. Te gusten o no, estés de acuerdo o no con sus ideas, eran personas conocidas. Como un vecino con el que siempre coincides en el ascensor, aunque no te caiga muy bien. Estos días se ha especulado mucho con la supuesta muerte de Netanyahu y su tenebroso ministro Itamar Ben Gvir, sin que se haya confirmado nada. Mucho antes que ellos cayeron Arafat e Isaac Rabin, conmocionando a la sociedad de la época. Siempre en un lugar que los más fervientes creyentes consideran sagrado y, sin embargo, no deja de derramar sangre sobre la tierra. Tanto judíos como cristianos y musulmanes creen en los diez mandamientos de Moisés. Quizá pocos recuerden el decálogo, pero todo el mundo conoce el quinto: no matarás. Y la inmensa mayoría vive durante toda su existencia cumpliéndolo a rajatabla. Ellos, los líderes que dirigen el destino de sus países, se lo saltan a la torera y ni se despeinan. Siendo, como dicen, súper creyentes.