Es casi un tópico lo de que Occidente no entiende al resto del planeta. Edward W. Said explica que el orientalismo se vive desde un prisma erróneo anclado en la época colonial. Recurro a mi deformación profesional utilizando el inconsciente colectivo de Jung: aquello que reside en nuestras profundidades psíquicas y que son heredadas, no fruto de la experiencia personal. Tenemos interiorizado esta falacia de nuestra superioridad. Consideramos al resto de civilizaciones como productos anacrónicos. Individualismo, laicidad, progreso, democracia liberal... Creemos que las religiones carecen de poder, que el sentimiento de comunidad y la pertenencia tribal son conceptos arcaicos erróneos. Samuel Huntington explica el choque de civilizaciones sin concepto de universalidad. Emanuelle Tudd se pronuncia con contundencia sobre la caída de Occidente. Plantea como Rusia tiene y tendrá una preminencia ascendente. China está generando un imperio nuevo. El denominado sur global de Asia, América latina y parte de África emerge con una fuerza antes no contemplada desde la miopía occidental. Su argumentario debe ser conocido, analizado y estudiado con rigor. Ucrania o Irán son los últimos ejemplos del error recurrente de EEUU. Creyó que Vietnam sería un paseo militar y se estrelló. Occidente sabe matar, pero no morir por una causa. Existen otros factores que contribuyen al proceso de cambio. Occidente es percibido como agresor o amenaza. La antigua sumisión planetaria genuflexa y asustada ante el poder occidental ya no existe. En economía, solo hace tres o cuatro décadas dominábamos el PIB mundial. China pasó de ser casi testimonial a ser la segunda potencia mundial y tiene una investigación y tecnología a la altura de EEUU. Crecen de forma rápida Indonesia, Vietnam o India consideradas tercer mundo. En demografía, somos una civilización envejecida y reducida, con índices de natalidad bajos. China se autodeslocaliza con regiones que ya no son competitivas. Mostramos una doble moral. Rigurosos con conflictos que afectan a nuestros intereses y ausentes en otros más destructivos e injustos. Ucrania interesa por geoestratégica y recursos, Afganistán no. En tecnología, Israel la crea y exporta, nosotros la pagamos. Dejamos de fabricar y producir con lo que ellos se enriquecen y nosotros nos empobrecemos. Nuestra balanza comercial es deficitaria. Hemos caído en la trampa de considerar que comprar barato es más rentable que producir. Pagamos para que ellos procreen y nos lleva a tener gasto social y paro por encima de nuestras posibilidades. Somos tan bobos que vendemos nuestra deuda exterior a China que se va apropiando de nuestros bienes. Pagamos intereses a los que considerábamos inferiores. El petróleo es la diana de los conflictos actuales. La democracia un pretexto.