El partido que debía servir para apalabrar la mitad de la permanencia terminó con el Mallorca en el suelo, por debajo de la línea roja de la clasificación y sintiendo el aliento del Levante a su espalda. La derrota en Elche, por lo que implica y por la manera en la que se produjo, apagó de golpe las luces del efecto Demichelis y volvió a airear los problemas que identifican a la plantilla desde principio de temporada: desde la falta de oficio —un defecto subrayado en los dos últimos desplazamientos— a la extrema delgadez del plantel y su falta de calidad en algunas posiciones. Para muestra, un botón: en el encuentro en el que se lo jugaba casi todo, Demichelis solo usó tres de los cinco cambios posibles. Y el último de ellos, la entrada de Justin Kalumba en lugar de Antonio Sánchez, llegó cuando se estaban sirviendo los postres (minuto 89).