Ya es definitivo. Palma ha sido descartada como Capital Europea de la Cultura 2031. Otras ciudades como Granada, Oviedo o Cáceres, le han pasado por delante. Y aquí nadie se rasga las vestiduras porque una ciudad fundada en el 123 antes de Cristo, con una historia, un patrimonio y una tradición únicas vuelva a quedarse a un lado de manera humillante por la falta de empuje de sus dirigentes políticos y sociales. El problema no es de ahora. Lleva arrastrándose durante décadas. Necesitamos más corazón y más cabeza por parte de los que se sientan en las sillas de mando.