¡Qué tiempos!

Son sorprendentes los tiempos en que vivimos. Sorprende, por ejemplo, la facilidad y la prontitud con que se ha venido abajo el mundo reglado por normas internacionales que aseguraban, aunque más mal que bien, las relaciones económicas y políticas entre los países. Sorprende, y de qué manera, el silencio atronador sobre el apetito voraz y colonizador de Israel, masacrando a los palestinos y ocupando sus territorios, para seguidamente hacer lo mismo con el Líbano, Siria e Irán con el afán de convertirlos en Estado fallidos, en países inermes, siempre con el apoyo incondicional del amigo americano, al que, por cierto, la guerra de Irán acabará pasándole la factura correspondiente.