El fotógrafo Oscar Pipkin (Buenos Aires, 1946) se movía en 1976 en ambientes de la izquierda argentina. Y recuerda que tras el golpe de Estado de marzo de aquel año –que, precisa, no fue un golpe contra la democracia porque su país era ya un estado parapolicial con una presidenta, María Estela Martínez de Perón dominada por el sector más duro del Ejército y por el policía José López Rega, apodado «el Brujo»– regresó una noche a su casa y comprobó que estaba toda desordenada y revuelta. Un amigo suyo había aparecido «colgado de un árbol» y otro, también fotógrafo, estaba en paradero desconocido.