El joven músico y empresario iraní Parsa Jafari (Teherán, 1997) no puede ocultar su odio visceral al régimen de los ayatolás. Se enfurece al hablar sobre la represión de Jamenei, critica el tratamiento mediático de los posteriores ataques de Israel y Estados Unidos, tratando de contener el volumen de su voz y, de hecho, en un momento de la conversación pide disculpas por su vehemencia. Su familia está allí, le cuenta lo que ven cada día, y la mezcla de miedo y esperanza es una bomba de relojería para su sistema nervioso. Vino a España a los nueve años, y a los doce empezó a interesarse por la música electrónica. Aquello fue un buen quebradero de cabeza para sus padres, que esperaban que continuase con los negocios inmobiliarios de la familia, pero no pudieron frenar su vocación y a los catorce ya se estaba colando en discotecas para bailar con sus artistas favoritos. «Siempre he tenido mucho pelo y barba, así que parecía mayor», confiesa entre risas. —Antes de nada, ¿cómo está su familia? —Sí, todos los civiles están bien. Ninguno ha sido atacado, ni va a ser atacado. Claro que ven bombas caer, pero saben que en sus casas van a estar a salvo, porque Estados Unidos e Israel están atacando puntos exactos donde está la Guardia Revolucionaria, que no es lo mismo que el ejército iraní. Ninguna base del ejército iraní ha sido atacada. —Lo de la escuela de niñas, ¿no se lo cree? —Sí, sí, eso es verdad, pero fue un misil iraní el que impactó allí. —No es lo que están diciendo todas las investigaciones hasta el momento. —Yo lo sé de forma interna. No sé cómo los medios internacionales dicen eso, si no tienen a nadie en Irán. Yo tengo a mi familia. —La CNN, por ejemplo, retransmite desde allí todos los días. —¿Ahora mismo? Imposible. Ya te lo digo yo. En todo caso esa gente habla bajo la presión de la República Islámica. Si dicen otra cosa, les cortan la cabeza en directo. Nadie me va a decir lo que pasa en mi país, cuando yo he vivido allí. Además, la CNN es un medio de pago, básicamente. El otro día una periodista me comentó cómo la trataron al llegar. Desde el minuto uno, parecía Corea del Norte. Le ponían a una persona que la vigilaba y le decía dónde podía ir y dónde no. —Cuando mataron a Jamenei hubo celebraciones en algunos puntos del país. ¿Cómo está la situación ahora? ¿Qué le cuenta su familia? —Cuando murió Jamenei hubo celebraciones, pero también hubo matanzas. Ahora, la Guardia Revolucionaria está por todas partes y, si alguien protesta desde su ventana, le disparan desde la calle para que se metan dentro. —Usted regresó a Irán para hacer el servicio militar y en esa temporada organizó varias fiestas clandestinas donde pinchaba techno. ¿Cómo le echó valor, en ese contexto? —Me podrían haber matado. Ahorcado, que es lo que hacen ellos. Para ellos, una fiesta de música electrónica es cosa del demonio, una cosa satánica. Pero en Teherán y otras ciudades hay una cultura 'underground' muy grande, yo no soy el único que se ha jugado la vida por hacer música. Los persas siempre han sido fiesteros, pero sólo pueden hacer fiestas en lugares privados, con gente de confianza. No puedes invitar a cualquiera, porque puedes acabar como han acabado muchos amigos míos, recibiendo latigazos sólo por el hecho de estar en una fiesta. —Creo que una vez se le fue de las manos una fiesta y acudió un millar de personas. —Teníamos nuestra propia seguridad, con gente del pueblo donde lo hicimos, al norte de Irán, donde no son tan islámicos. Y lo que se hace es pagar a la policía. Incluso nos pedían alcohol a nosotros. ¡Es que la gente iraní no es terrorista, es el Estado! Acabo de recordar una anécdota que nunca he contado, sobre otra vez que fuimos a hacer una fiesta en el norte del país. La policía reconoce a la gente que tiene dinero por los coches caros, y a nosotros nos pasó eso. Nos pararon, vieron los altavoces y otras cosas que daban indicios de que íbamos a montar una fiesta, y nos detuvieron. Estuvimos dos días detenidos, incomunicados y sin que nos dieran nada de comer ni beber. Pasé mucho miedo, sobre todo porque no pude contactar con mi padre, que podría haber llamado a alguien poderoso, porque en Irán todo se mueve por contactos. Es un país corrupto, y por eso todo son contactos. A las 48 horas nos soltaron bajo la condición de que les pagásemos dinero. —¿En sus sesiones de techno hace alguna referencia a todo lo que está pasando? —Siempre pincho 'Woman, Life, Freedom', un tema en homenaje a Masha Amini, la chica que mataron por no llevar el velo.