Una vez todos sentados, y tras una alegre bienvenida, el ‘chu-chu’ del escape de una locomotora resonó en toda la carpa, alcanzando hasta su último rincón. Tal sonido representaba el preámbulo de algo mucho mayor: de la música, de las risas, de la curiosidad y de la imaginación. Cuando los músicos de la banda hicieron acto de presencia, paseándose por los pasillos de los asientos con sus instrumentos, sus animadas melodías y su indumentaria propia de la Revolución Industrial, el público se percató: este no era un show convencional.