Susana Gaytán es doctora en Neurociencia y vicepresidenta de la sección andaluza de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas. Forma parte del grupo de investigación de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Sevilla y se declara feminista y en deuda con tres mujeres: Olimpia de Gouges («murió literalmente por mantener la revolucionaria idea de que las mujeres somos personas»); Rita Levi Montalcini («105 años de neurociencia lúcida que invirtió el dinero de su Nobel en becas de estudio para niñas africanas»); y Pilar Guía su madre («tenía dos hijas y se pasó toda su vida alentándonos a estudiar, nos decía que la única herencia que nos podía dejar eran los libros»). Gaytán, que es profesora titular de Histología, ha participado en la Semana del Cerebro de la Universidad de Sevilla con una charla titulada «Creatividad 3.0: neurociencia para potenciar la innovación y el arte». -¿Cómo se activa el proceso de creación artística en el cerebro? -En tiempos en los que pensamos que la inteligencia artificial lo genera todo, hay unas claves en nuestro cerebro que nos permiten crear. -¿La IA puede generar arte? -Poder, puede. Pero lo que hace son recombinaciones de lo que tiene. Nosotros tenemos que aprender cosas para luego producir cosas diferentes. El cerebro es muy divertido con eso y explora conexiones raras. El momento eureka es una conexión rara de neuronas que normalmente no se hablan. Lo que pasa es que para que se exploren contactos raros tienes que estar no tan atento. Para ser creativo hay que aburrirse una mijita. Por eso a la gente se le ocurren ideas cuando está tumbado o en duermevela. - O sea, que aburrirse es creativo. -Sí. Además, no creo que sea una buena idea desde un punto de vista adaptativo estar siempre divirtiéndose. - ¿Y estar triste? -Estar triste es una característica hipervaliosa que tiene la especie humana porque somos una especie cuidadora. Si piensas en las posibilidades que tenían los hombres y mujeres primitivos frente al tigre diente de sable, ¿qué es lo que tenían? Pues grupos humanos. Ese cráneo de Atapuerca con los huesos fusionados que revelaba una niña altamente discapacitada demuestra que toda la tribu la protegió y por esa razón se hizo mayor. Gestionamos el duelo protegiéndonos, ayudándonos. Es adaptativo. -¿No se debe demonizar la tristeza? -No. Es la respuesta a una condición ambiental adecuada. Pretender estar todo el rato «happy flower» no es adaptativo. De hecho, nosotros hemos reservado esa parte feliz al sistema de recompensa y es muy importante que así sea. Porque consigues evolutivamente que se seleccionen aquellas pautas de conducta que son más favorables para ti y para el grupo. Produciendo recompensas. - ¿Esa recompensa es lo que denominamos felicidad? -Todos los meses de febrero bromeo mucho con mi alumnado diciendo que «el enamorado no lo nota pero se vuelve idiota». Y la culpa la tiene la dopamina. Esas toneladas de dopamina que van a tu a tu corteza frontal producen ese estado de recompensa. Que por fortuna es temporal y se pasa. - Las redes sociales luchan con todas sus armas y algoritmos para captar nuestra atención y que no nos aburramos nunca... -La sobreestimulación no facilita, en efecto, ese aburrimiento contemplativo que conlleva la creatividad, pero no voy a demonizar ningún tipo de tecnología. Yo le digo siempre a mi alumnado que el problema no son las balas sino su velocidad. Ninguna herramienta es a priori mala o buenas, depende de su uso. Las tecnologías de la información y comunicación son unas herramientas valiosísimas, que hay que saber utilizarlas de forma inteligente. Yo procuro enfrentar a mis alumnos con las inteligencias artificiales generativas y les animo a que jueguen y exploren los algoritmos. La madre intelectual de la IA es la mente humana. - -¿Les preocupa a sus alumnos de la Facultad de Biología que la IA reduzca sus posibilidades laborales? -En la conferencia inaugural les decimos a los que entran en la universidad que los trabajos que tendrán cuando acaben sus estudios aún no tienen nombre. No creo que la IA les vaya a quitar el trabajo pero sí les va a cambiar la forma de trabajar. Lo que más me preocupa de la IA es que no exista un marco legal para su desarrollo, un marco que garantice su uso ético, la propiedad intelectual o la seguridad del usuario. El cerebro es quizá el órgano más importante del ser humano y del que se sabe menos, quizá un 1 por ciento. La ciencia ha avanzado mucho más en el corazón o en otros. ¿Por qué? -El cerebro es un universo por ver, pero es absolutamente apasionante porque somos la única especie que reflexiona sobre sí misma. Nuestra mente es la plasmación de esa fisiología cerebral que nos permite sentir, juzgar, tomar decisiones, pero también es el comando que permite que sigas respirando, que tengas hambre, que sientas dolor cuando te pongas en peligro. Hay muchísima gente trabajando en neurociencia pero necesitamos toda la gente del mundo. Creo que son las dos grandes fronteras. La de la astrofísica y la de la neurociencia. La neurociencia es como una hidra buena, es decir, le cortas una duda y salen siete más. Ni siquiera sabemos lo que no sabemos del cerebro. - El cerebro del hombre y la mujer tienen algunas diferencias . -Ha habido muchísimos estudios al respecto pero el talento, como el cerebro, no tiene género. Todos los cerebros, lo del hombre y de la mujer, tienen mosaicos o cachitos que tendrían aspecto predominantemente femeninos o masculinos. El cerebro no funciona de una forma dimórfica, no es como la nuez, que sólo la desarrollan los hombres. Se hizo un experimento para medir el nivel de oxitocina en saliva porque la oxitocina es la hormona de la vida, vinculada al orgasmo pero también al apego y al cuidado de la prole. El ser humano nace básicamente inútil, a diferencias de otras especies. Como no haya un adulto a cargo de cachorro, difícilmente sobrevivirá. ¿Y qué ocurre? Que el bebé genera oxitocina en la madre, en la que también funciona como anestésico. Y se demostró que el pico más grande de oxitocina se produce después del parto. Que, por cierto, también funciona como un anestésico de la madre. - ¿Y qué pasa con el padre? -Hay dos tipos de papás, el que siempre está fuera; y el padre que lo lleva al cole y se sabe el nombre del pediatra. Y se comprobó que en este segundo tipo de padre, el nivel de oxitocina es mucho más alto que en el primero y al mismo nivel que la madre, con lo cual les está produciendo el mismo sistema de recompensa. O sea, la evolución se ha asegurado de que los dos padres colaboren en el mantenimiento de la prole. - Usted ha investigado las propiedades terapéuticas de la cafeína en neonatos. -Sí, ese es uno de los dos grandes ensayos en los que he participado como neurocientífica y de los que me siento más orgullosa. El otro era sobre las áreas neurales que están detrás de la respiración. El de la cafeína partió del conocimiento de una terapia que se aplicaba en los hospitales a los bebés que nacían con sospechas del síndrome de muerte súbita. Y sabíamos que a estos bebés se les administraba cafeína. Una de las razones por la que pudiera funcionar la cafeína era porque el bebé no se dormía, lloraba más y, si lloraba más, el riesgo de ahogarse era menor. Pero era algo poco satisfactorio porque quería decir que la cafeína tenía ese efecto solamente sintomático, a pesar de que había ciertas sospechas de que en determinado momentos el peligro de muerte súbita baja drásticamente con la cafeína. Buscamos un modelo experimental con ratas, que es una especie que también nace a medio cocer, como nosotros. Y descubrimos que en el circuito respiratorio la cafeína actúa sobre unos receptores en concreto, los receptores adenosinérgicos, que modifican esa ventana de tiempo que ha fallado en los niños con sospecha de síndrome de muerte súbita. Por eso, esa cafeína les permite recuperarse de ese síndrome. Haber demostrado que esa terapia hospitalaria podía curar a estos bebés es lo bonito que me ha pasado en la vida. -También ha estudiado desde la neurociencia a las víctimas de violencia machista. -Y vimos los efectos de la oxitocina en la recuperación de las víctimas de violencia de género. No pudimos hacer ese experimento en mujeres en situaciones agudas sino en el momento en que se estaban recuperando del grave maltrato sufrido. Y pudimos probar también la relación con el cortisol. El nivel de oxitocina en la víctima tiene relación con el hecho de estar enamorada de su agresor, lo cual hace a su cerebro más vulnerable. La oxitocina que activa el papel de cuidadora en la madre, la hace más vulnerable en el caso de la pareja. - También ha estudiado los mecanismos cerebrales que se activan en los casos de «bullying». -En cualquier tipo de violencia, incluso entre iguales, en la que existe apego, como es el caso el de la violencia contra menores, la oxitocina también está jugando en contra de la víctima. -Un apego hacia tu verdugo... -Claro. Por ejemplo, hacia el padre que te maltrata. En el caso del bullying, estamos abordándolo tanto desde el punto de vista de la persona que agrede como desde el de la persona que es agredida. Y nuestra idea es generar entornos, de realidad virtual, etcétera, en los que el sujeto cambie de rol. Acoges a la persona que maltrata y lo vas a transformar en víctima porque tú puedes cambiar el rol del juego. Y para que experimente lo que falla en ese caso, que es la empatía. Y, al revés, con la persona que está victimizada para que, de alguna manera, recupere la seguridad y el manejo de la situación en la que se encuentra. -¿Qué se puede averiguar de la voz de una persona desde la neurociencia? -Los tonos de voz están expresando las emociones y necesitamos determinar esas modificaciones de los tonos de voz, de las pautas de suspiros o sollozos para que una persona de un servicio telefónico de emergencias pueda evaluar la gravedad de esa llamada. En eso nos puede ayudar la IA y estamos en un análisis para un proyecto de investigación con ingenieros y psicólogos sobre este tema. Tenemos otro para construir estrategias que permitan mejorar las capacidades cognitivas en los ancianos.