En Palma del Río, un mesón tradicional mantiene intacta esa esencia de bar de pueblo donde todo gira en torno a la mesa, el producto y el ambiente. Su reconocimiento como Solete de otoño 2021 por la Guía Repsol no hace más que confirmar lo que ya saben muchos vecinos: a Palma del Río se viene a comer bien. El local es Mesón La Bodeguita. Un establecimiento con guiños taurinos en su decoración, en el que se respira ese aire castizo que acompaña una propuesta gastronómica basada en la cocina andaluza de siempre. Desde primera hora, la carta invita a empezar con un picoteo clásico: salmorejo , ensaladilla, croquetas , con especial mención a las de rabo de toro, o espinacas con garbanzos. Platos que funcionan como antesala de una comida tomárselo con calma y, sobre todo, con buen apetito. Si hay un apartado que define a La Bodeguita es el de la carne. La brasa manda, y lo hace con cortes como el lagartito ibérico, la presa o el solomillo de cerdo de bellota, preparados sin complicaciones, dejando que el producto sea el protagonista. A ello se suman elaboraciones más elaboradas y tradicionales como las carrilleras o la carne de monte , pero sobre todo un rabo de toro que se ha convertido en uno de los imprescindibles del local. Meloso, sabroso y fiel a la receta clásica, es uno de esos platos que justifican por sí solos la visita a este mesón de Palma del Río. Más allá de la carne, la propuesta se completa con opciones que permiten adaptar la comida a cualquier plan. Desde frituras como c alamares o cazón en adobo, hasta ensaladas más ligeras o revueltos con productos de temporada. También destacan clásicos de la provincia como el flamenquín cordobés. Todo ello lo ofrecen en raciones generosas y precios pensados para compartir. En un contexto tan complicado para la hostelería, aún podemos encontrar lugares como Mesón La Bodeguita que mantienen su sitio sin necesidad de seguir tendencias. Aquí no hay discursos complejos ni técnicas de vanguardia, pero sí algo que sigue siendo fundamental como un buen producto, la constancia y ese «yo no sé qué» que hace que siempre haya mesas ocupadas.