Hablar de amor puede parecer sencillo, pero cuando la conversación gira hacia el dinero, muchas parejas encuentran un terreno complejo y lleno de tabúes. Sin embargo, una nueva tendencia se consolida en España: cada vez más parejas deciden, antes de casarse, dejar por escrito cómo van a gestionar su patrimonio. La mayoría, un 92 %, ya opta por la separación de bienes, una decisión que, lejos de ser un signo de desconfianza, se presenta como una herramienta de prevención y un acto de realismo para cuidar la relación. Para entender este fenómeno, la abogada experta en gestión patrimonial Carmen Pérez-Pozo Toledano, fundadora del Grupo Pérez-Pozo, analiza las claves de por qué hablar de dinero se ha convertido en una nueva forma de fortalecer el amor. Según Pérez-Pozo, el aumento en la firma de capitulaciones matrimoniales responde a una evolución social y a un cambio de mentalidad. "Yo creo que hay más hijos de familias de matrimonios divorciados", señala la experta. Esta experiencia previa en su entorno familiar hace que las nuevas generaciones sean más conscientes de las posibles complicaciones económicas de una ruptura. A este factor se suma el avance en la independencia económica y la formación financiera de la mujer, que, al igual que su pareja, a menudo ya cuenta con una carrera profesional consolidada y un patrimonio propio antes de iniciar una vida en común. Este nuevo escenario fomenta una visión de la economía de pareja más estructurada. Las parejas actuales entienden que su vida económica no tiene por qué ser "todo en el mismo saco", sino que pueden coexistir una economía particular para cada uno y otra común para los gastos compartidos. Se trata de una visión más pragmática que busca evitar que el dinero se convierta en una fuente de conflicto y que ambas partes se sientan seguras y autónomas dentro del proyecto de vida compartido, organizando sus finanzas desde el principio en lugar de esperar a que surjan los problemas. La elección del régimen económico es fundamental y depende del proyecto de vida de cada pareja. En la separación de bienes, el patrimonio de cada cónyuge está claramente delimitado: lo que se adquiere con dinero propio, es propio. Por el contrario, en el régimen de gananciales, que se aplica por defecto en la mayor parte de España si no se pacta lo contrario, todo lo adquirido durante el matrimonio pertenece a ambos por igual, con la excepción de herencias o bienes previos. "Según como tú te plantees tu vida familiar, os conviene una cosa o la otra", explica la abogada. La decisión no siempre es sencilla y debe meditarse. Pérez-Pozo plantea una situación muy común: cuando uno de los dos cónyuges reduce su jornada laboral o frena su carrera para dedicarse al cuidado de la familia. En un régimen de separación de bienes estricto, esta persona se vería perjudicada económicamente en caso de ruptura, ya que habría generado menos ingresos y cotizado menos. "Si yo estoy ayudando a que la familia prospere, a que tú puedas dedicarte a tu carrera profesional, está bien que el beneficio que saquemos sea de los dos", reflexiona. Por ello, es vital hablar sobre estos roles y expectativas. El error más frecuente que cometen las parejas es, precisamente, no hablar de dinero. Dar por sentado que la relación será idílica y que el entendimiento será perfecto choca con la realidad cuando llegan las primeras facturas. Pérez-Pozo advierte contra la idea de ir siempre al 50 % si los ingresos son dispares: "¿Cómo vamos a ir al 50 por 100 si tú ganas el doble que yo? Supone que yo voy a pasar el mes justito y tú vas a poder tener una vida diferente". La clave está en entender que un matrimonio es una "comunidad de vida, no una sociedad limitada", donde debe primar el bienestar mutuo. La recomendación de la experta es un proceso en dos fases. Primero, una reflexión individual: "¿Qué espero del matrimonio y por qué voy a ceder parte de mi libertad para convivir con esta persona?". Después, poner en común esas aspiraciones y valores. Esta conversación debe abarcar desde los planes más generales, como tener hijos o la disposición a mudarse al extranjero por trabajo, hasta los más concretos, como la compra de una vivienda con aportaciones desiguales. "Vamos a establecer también, en caso de separación, qué pasaría", aconseja, para que los acuerdos protejan a ambos. Este ejercicio de honestidad y planificación no es solo para grandes patrimonios, sino para cualquier pareja que inicia un proyecto de vida. La planificación previene situaciones de vulnerabilidad, como el caso histórico de la mujer que trabajaba en la empresa familiar sin estar dada de alta y, tras una ruptura, se encontraba "sin paro, sin jubilación y además con un montón de deudas". Como concluye Pérez-Pozo, protegerse no es un acto de desamor. "Para que funcione el amor, uno tiene que quererse a sí mismo primero y cuidarse", afirma, destacando que el autoconocimiento y la autoprotección son la base para construir una relación sana y duradera. Finalmente, es importante saber que las capitulaciones matrimoniales no son un acto inamovible que solo se puede realizar antes de la boda. La ley permite otorgarlas o modificarlas en cualquier momento durante el matrimonio, simplemente acudiendo a un notario. No obstante, Pérez-Pozo aconseja firmemente buscar el asesoramiento previo de un abogado especializado. Este profesional puede ofrecer una visión "holística", ayudando a la pareja a reflexionar sobre sus metas y a crear un acuerdo que no solo tenga validez legal, sino que refleje fielmente su proyecto de vida en común.