El alcalde de Sevilla se pone en modo Vox

Uno. La derecha normal y la otra Se llama José Luis Sanz Ruiz, es del PP y fue un alcalde de derechas pero normal durante los más de 20 años que ostentó el cargo en la cercana localidad de Tomares, antes de dar en 2023 el salto a la capital, donde necesita los votos de Vox para aprobar presupuestos y gobernar: sigue siendo un alcalde de derechas, pero ahora hace cosas que la derecha normal de la que proviene no solía hacer antes de la entrada en escena de la derecha anormal que hoy le marca el paso a la otra. Dos. Vecinas y funcionarias El alcalde de Sevilla se pone en modo Vox y prohíbe, a instancias de sus socios ultras, el burka y el niqab en dependencias municipales. No, no, malicioso lector, la prohibición no va dirigida contra las funcionarias que acuden a trabajar con burka, sino contra las vecinas de Sevilla que intenten acercarse por el Ayuntamiento a hacer cualquier gestión. ¿Que qué diferencia hay entre unas y otras? En realidad, ninguna, pues el número de vecinas con burka y de funcionarias con burka en Sevilla es aproximadamente el mismo, o sea, más bien cero. Tres. Prevenir y curar Va para cuarenta años que vivo en Sevilla y todavía no he visto a una mujer con burka, pero debe ser que no he mirado bien. Cualquier día de estos me alargo un momento al palacio consistorial de Plaza Nueva y le pregunto a algún concejal de Vox que dónde las ha visto él, por echar yo también una ojeada a tan exóticos especímenes femeninos. O mejor le pregunto al alcalde Sanz, que seguro que también las habrá visto y por eso ha ordenado al PP sumar sus votos a los de Vox para respaldar las medidas preventivas ideadas por los de Abascal. Mejor prevenir que curar, ¿no? Cuatro. Incidente en la cola Imagine el confiado lector que mañana está él mismo al final de una cola municipal para pagar el recibo del agua del último mes y en eso que de pronto se le planta detrás una morita con su burka negro como el tizón, oscuro como el corazón de Mahoma, ocultándole íntegramente el rostro, ¿qué hacer en esa apurada situación? La pregunta no es ociosa, pues bien podría ser que la artera musulmana escondiera una daga asesina bajo las negras ropas y empezara de pronto a apuñalar a diestro y siniestro a inocentes sevillanos, el primero de los cuales sería obviamente el cándido lector, que para eso la anònima criminal lo tenía más a mano. ¿Una daga? ¿Y por qué no una bomba de racimo atada la barriga, simulando un embarazo? Igual la malhechora mahometana andaba ese día rebotada porque la factura del agua le había subido mucho y decidió que mejor, mucho mejor, una bomba que un puñal. Cinco. Una psicosocióloga aplicada Según ven las cosas las dos derechas, la normal y la otra, con tanto islamista suelto –aunque astutamente escondido– por las callejuelas de...