Ser 'intolerante' al wifi y los teléfonos móviles en plena era digital: "Vivir con nosotros es complicado"

Joaquín Sanz atiende la llamada de El Periódico de Aragón desde un pequeño pueblo turolense. Lo hace con unos auriculares de aire y a tres metros del teléfono móvil, de cuyas ondas electromagnéticas lleva intentando aislarse más de 15 años. A sus 66 años, acaba de jubilarse, aunque llevaba sin trabajar desde 2019, cuando consiguió, tras casi una década de lucha, que un juez le diese la incapacidad permanente. En ese caso, por accidente de trabajo. ¿El motivo? La hipersensibilidad electromagnética (EHS), la "patología" que sufre desde hace años, no está reconocida como enfermedad en España ni por la Organización Mundial de la Salud (que reconoce los síntomas como reales pero asegura que no existe una base científica para relacionarla con la exposición electromagnética), lo que dificulta tanto el diagnóstico como su reconocimiento sociolaboral.