Miguel Vinagrero, seminarista de Getafe: "Mi novia de tres años lo intuía y me preguntó... 'tú quieres ser cura, ¿verdad?' Fue doloroso"

Con motivo de la celebración del Día del Seminario, la Iglesia pone el foco en las vocaciones y en la vida de aquellos que deciden iniciar el camino hacia el sacerdocio. Actualmente, España cuenta con 1.066 seminaristas, una cifra que ha experimentado un ligero aumento respecto al año anterior, consolidando una tendencia de recuperación. Uno de ellos es Miguel Vinagrero, joven de la diócesis de Getafe que se encuentra en su cuarto año de formación y cuya historia personal rompe con la idea de una vocación surgida en la infancia. Antes de que la llamada irrumpiera en su vida, Miguel Vinagrero tenía un futuro perfectamente trazado. A sus 19 años, estaba inmerso en sus estudios de Musicología, mantenía una relación de tres años con su novia y sus planes eran claros: ser profesor de música y casarse. "Yo tenía mi plan ya hecho y todo", reconoce en 'Ecclesia, es domingo'. "Me voy a casar con esta chica, vamos a tener estos hijos, vamos a vivir aquí... y en medio de todo ese plan que yo ya me había montado, pues llega el Señor". El momento decisivo ocurrió el 4 de noviembre de 2018. El día anterior, Miguel había asistido a la ordenación sacerdotal de un amigo, un evento que ya había generado "un primer movimiento interno". Sin embargo, fue durante la primera misa de su amigo, al día siguiente, cuando sintió la llamada con una claridad rotunda. "Justo al inicio de la misa, cuando todos se dirigían al altar, ahí fue cuando, con una claridad meridiana, sentí en el corazón que el Señor me decía: 'Miguel, esto es lo que quiero para ti, quiero que seas sacerdote'". Lo describe como un 'tsunami', una 'tormenta muy grande' que le desestabilizó por completo. Aunque su familia era católica y él participaba activamente en el movimiento de Schönstatt, nunca se había planteado seriamente la pregunta vocacional. "Yo había montado ya mi plan por mi cuenta", admite. La llamada le obligó a confrontar conversaciones difíciles. La primera, con su novia, esa misma tarde. "Fue doloroso", recuerda. Sin que él dijera nada, ella lo intuyó: "Miguel, tú quieres ser cura, ¿verdad?". Ambos decidieron tomar distancia para que él pudiera discernir sin condicionantes. Con sus padres, la reacción fue diferente. Aunque notaron que "le pasaba algo", recibieron la noticia "con muchísima ilusión", una gracia que, como él mismo señala, no todos los aspirantes tienen. Entrar en el seminario es el inicio de un largo período de formación que en España dura, como mínimo, ocho años. El primer paso es el curso propedéutico, un año preparatorio enfocado en "crecer en intimidad con el Señor" y en la convivencia grupal. Aunque no se cursan estudios universitarios, la formación es intensa, con asignaturas como latín, padres de la Iglesia, cultura clásica y liturgia. Superado este año, comienzan los estudios superiores. En el caso de las diócesis de la Provincia Eclesiástica de Madrid (Getafe, Madrid y Alcalá), los seminaristas cursan el Bachillerato de Teología en la Universidad San Dámaso. Son cinco años divididos en dos de Filosofía y tres de Teología. Miguel se encuentra actualmente en su cuarto año, el segundo de Teología. "A mí me gusta mucho la liturgia, y me gusta mucho también dogmática", confiesa sobre una posible especialización. Tras los seis años de formación teórica (propedéutico y bachillerato), el itinerario continúa con un año de pastoral, seguido de la ordenación de diácono. El sacramento del orden tiene tres grados, y el diaconado es el primero. El diácono, explica Miguel, es "el siervo", centrado en la caridad y la palabra. Tras un período que suele durar alrededor de un año, llega la ordenación de presbítero, que le configura con "Cristo Pastor". Lejos de ser un lugar de clausura, el seminario se asemeja a una mezcla entre un colegio mayor y un monasterio. "Vivimos juntos como una comunidad que crece junta en la fe", explica Miguel. La vida transcurre en un edificio con habitaciones, una capilla "donde rezamos" y un comedor. Como anécdota, recuerda su primera cena: "A mí no me gusta nada el puré de verduras, y la primera noche en el seminario... ¡pum, puré de verduras!". En este entorno, su pasión por la música ha encontrado un nuevo cauce. La musicología no queda fuera, ya que la música es una constante en la liturgia diaria, desde la misa matutina hasta la exposición del Santísimo. Además, en cualquier evento festivo, "ya sacamos la guitarra y nos ponemos a cantar". El discernimiento es un proceso continuo. Miguel entró teniéndolo "clarísimo", pero otros compañeros llegan para "seguir discerniendo la voluntad de Dios". Sobre los que abandonan, como dos compañeros que entraron con él y que hoy tienen pareja y trabajo, reflexiona: "El Señor quería enseñarles algo a través del seminario. Algo descubrieron seguro". Esta idea enlaza con los datos actuales, que indican una disminución en el número de abandonos, atribuida a un discernimiento previo "más acompañado y fortalecido". Respecto al creciente interés por la espiritualidad, a menudo denominado el "giro católico", Miguel confirma que es un tema que "se habla y se comenta" tanto en el seminario como en la facultad. De hecho, un profesor les ha compartido una antología con más de 80 artículos de prensa sobre este fenómeno, y algunos seminaristas provienen de realidades como Hakuna o retiros de impacto, aunque no puede asegurar una relación directa con el aumento de vocaciones. Para un joven que se esté planteando la vocación, Miguel Vinagrero ofrece un triple consejo. El primero es cuidar la vida interior y la oración. "Tienes que hacerte el mejor amigo de Jesús", le recomendó su director espiritual. Citando una obra sobre San Ignacio de Loyola, subraya: "La vida interior importa más que los actos externos". El segundo pilar es la vida eclesial: "El sacerdocio no es para ti, es para servir a tus hermanos", por lo que anima a comprometerse en la parroquia o movimiento. Finalmente, recuerda la importancia del acompañamiento para no hacer el camino solo y de "aferrarse a los santos, que ayudan mucho".