El estrés se ha convertido en uno de los grandes problemas de la sociedad actual, una tensión constante derivada de las prisas, el trabajo y las preocupaciones. Por eso, 'La Tarde' de COPE pone el foco en este asunto que trata con la doctora Isabel Viña, médico especialista en hormonas y suplementación, autora del libro "Pon tus hormonas a funcionar", para entender el mecanismo biológico que se esconde detrás de esta sensación y cómo podemos gestionarlo. La experta ha explicado que hemos normalizado vivir en un estado de alerta constante, a diferencia de nuestros antepasados. "Hemos pasado de estar en un estado donde la norma era estar tranquilos y la excepción era que se liberara el cortisol, a que nuestro cuerpo esté continuamente expuesto a una hormona que, biológicamente, no estaba hecho para eso", ha señalado Viña. El cortisol, conocido como 'la hormona del estrés', se libera para preparar al cuerpo ante una amenaza, en lo que se conoce como la respuesta de "lucha o huida". Esta hormona es clave para la supervivencia, ya que aumenta la frecuencia cardíaca y respiratoria y redistribuye la grasa a los órganos vitales para asegurar su funcionamiento en un momento crítico. Sin cortisol, ha afirmado Viña, "en menos de 24 horas nos morimos, es una urgencia médica no tener cortisol". El problema actual, según la doctora, es que el cuerpo no distingue entre una amenaza real, como ser perseguido por un león, y una situación de presión laboral. "Es exactamente el mismo cortisol", ha apuntado. La diferencia radica en que el estrés moderno es mucho más frecuente y duradero, exponiendo al organismo a un desgaste para el que no está preparado. Cuando los niveles de cortisol se mantienen crónicamente elevados, todos los efectos que a corto plazo son positivos se vuelven perjudiciales. Entre las primeras señales se encuentran la acumulación de grasa en el abdomen, el insomnio y una sensación de agotamiento que no se alivia con el descanso. "Estoy cansada, pero no descanso, me levanto cansada", ha descrito la especialista como una de las manifestaciones comunes. Una de las consecuencias más graves, y que más ha destacado la doctora Viña, es el impacto sobre el sistema musculoesquelético. El cortisol crónicamente elevado "consume, quema, destruye el músculo y el hueso" para obtener energía. Esto no solo aumenta el riesgo de desarrollar hipertensión, diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares, sino que conduce a la osteoporosis. "En España hay, cada hora, 33 fracturas por osteoporosis en personas aparentemente sanas", ha advertido. A nivel inmunitario, el estrés crónico también debilita las defensas. El cortisol, que a corto plazo es un potente antiinflamatorio, a largo plazo provoca inmunosupresión. Según ha detallado Viña, esto "actúa como un escudo protector a esas células tumorales y las hacen inmunes a la destrucción de tu propio sistema inmune", lo que puede facilitar la expansión y diseminación de un cáncer ya existente. La principal señal de alerta, según la experta, se manifiesta a la hora de dormir: una persona se siente exhausta, pero al meterse en la cama su mente empieza a rumiar preocupaciones y no puede conciliar el sueño. "Mucha gente confunde: 'Ay, no me puedo dormir, me voy a tomar la hormona melatonina'. No, no te falta melatonina, probablemente te sobra cortisol", ha sentenciado. Para combatir estos niveles elevados de cortisol, Isabel Viña ha recomendado varias estrategias. La más efectiva es el ejercicio físico, especialmente el cardiovascular, como caminar. "Andar, si puedes 2 veces al día, 1 a mediodía y 1 antes de dormir, ha demostrado que es el mejor regulador natural del cortisol", ha asegurado. También ha mencionado disciplinas como el taichí y el yoga. La alimentación juega un papel crucial. Un alto consumo de antioxidantes a través de frutas y verduras, "comer el arcoíris", ayuda a combatir la inflamación crónica. Asimismo, es importante incorporar suficientes proteínas para atenuar la pérdida de masa muscular. Finalmente, ha subrayado el poder del entorno social: "Rodearte de gente que te sume". En cuanto a los suplementos, Viña ha mostrado cautela con la Ashwagandha, advirtiendo de sus contrapartidas en personas con problemas de tiroides o enfermedades autoinmunes. En su lugar, ha recomendado alternativas con un mejor perfil de seguridad como la glicina, la teanina, el magnesio o el hongo Reishi.