Ningún proyecto con financiación pública o privada vale gran cosa si no sirve para mejorar el bienestar y la calidad de vida los ciudadanos. La reflexión corresponde a John Stuart Mill, filósofo británico del siglo XIX que dejó una huella difícil de borrar en la filosofía moral y la teoría del liberalismo, pero es una máxima que no siempre se cumple y que, por si fuera poco, algunos gobernantes se empeñan en saltársela cada vez que pueden si con eso ganan algo.